RESUMEN


¿Qué harías si todo tu mundo cambiara derepente? ¿Si todo lo que pensabas imposible fuera real? Si la persona que más amas estuviera a punto de matarte... y guardara un secreto que podría cambiar tu vida...


CATEGORIA: hetero.

GÉNERO: romance, vampiros

PERSONAJES: Tokio Hotel

CLASIFICACIÓN: +15

TERMINADA: no

24 sept 2011

CAPÍTULO 29:


----------Narra Beth---------








(Dar play)




Respiré profundo... cerré los ojos, me concentré y vi el perfecto rostro de Bill...



En mi mente repasé todos los detalles de su cara, la textura suave de su cabello negro cayendo en mechones por su frente, su piel blanca y tersa, la forma de sus cejas oscuras que enmarcaban esos hermosos ojos de mirada penetrante, el ángulo recto de su nariz, la curvatura de sus pómulos, la forma de sus labios rosados en forma de corazón, los lunares de su cuello y bajo su boca, su olor, todo, deteniéndome en cada detalle y deleitándome con su perfección, a la que, aún después de todo este tiempo a su lado, seguía sin acostumbrarme...



el miedo seguía ahí, paralizándome, llenándome la frente de sudor frío y haciendo que la piel se me enchinara, pero me aferré todo lo que pude a su recuerdo, que en realidad no le hacía justicia, él era mucho más perfecto de lo que mi memoria simplemente humana podía llegar a retener... pensar en él era la única manera de no dejarme arrastrar por completo al pánico y la desesperación y ponerme a gritar...



Escuché una especie de gruñido, como de un animal... apreté más los ojos temiendo sentir en cualquier momento los colmillos fríos y filosos de algún vampiro, quizá de los cuatro al mismo tiempo, esa idea me mareó al recordar el dolor punzante que provoca la mordida de un vampiro y el ardor, que si bien no dura mucho, seguramente intensificado por cuatro bastaría para matarme de dolor... ¡No! dije para mis adentros, si me concentraba en ese tipo de pensamientos me volvería loca de desesperación... los gruñidos aumentaron de intensidad y la curiosidad pudo más, abrí los ojos y me di cuenta que las expresiones de los vampiros habían cambiado, ahora parecían entre sorprendidos y ¿asustados?... ¿Qué podría asustar a cuatro vampiros?... no lo sabía pero seguramente no debía ser nada bueno...



De entre los árboles que estaban a mi derecha salió un animal bastante grande, era completamente negro y parecía un oso... detrás de él había otros tres, dos tenían el pelaje gris, uno por completo y otro con un manchón blanco en el pecho y el que estaba más cerca de mí era color marrón... en ese momento recordé todos esos avistamientos de “osos” de los que tanto hablaba la gente... no eran osos... ¡Eran lobos!...




Pensé que ya había llegado al límite del pánico pero entonces vino a mi mente la voz de Bill diciéndome que una de las pocas “cosas” que podía matar a un Vampiro era un Hombre lobo y también... pegué un salto y jadeé al ver como los lobos saltaban sobre los vampiros, a unos cuantos metros de donde yo estaba petrificada, y éstos echaban a correr tan rápido que se hicieron borrosos... 



Se perdieron entre los árboles pero aún así escuché gruñidos y aullidos, tan agudos que los oídos me dolieron... si era cierto lo que Bill decía, los Hombres lobo eran tan o más peligrosos que los Vampiros y no tenía ni idea de si regresarían o no, ya fuera Vampiros o Lobos, este lugar no era seguro, así que obligué, con toda mi fuerza de voluntad, a mis piernas para que se movieran... dudé por un segundo al comprender que Georg estaba en ese momento luchando contra vampiros, no importaba qué tan imponente pareciera convertido en un gran lobo, en el fondo solo era un chico y era mi amigo, pero ¿Qué haría? después de pensarlo mejor desistí de la idea de “ayudarlo” ¿Qué posibilidades tenía yo contra cuatro vampiros? ninguna, él al menos no estaba solo y además estaban en igualdad de número... moví las piernas, las sentía débiles pero salí corriendo lo más rápido que pude mirando hacia el piso, lo último que quería era caerme o torcerme un pie, agradecí el haberme puesto mis tenis y rogaba que fuera en la dirección correcta hacia donde estaba mi auto... 



Sentía que el corazón se me salía por la boca y los oídos me pitaban pero logré seguir adelante y llegar a mi auto, abrí la portezuela a jalones con manos temblorosas y en cuanto estuve dentro puse todos los seguros de las puertas, seguramente eso no detendría a un Vampiro y por lo visto tampoco a un Lobo, pero me hacía sentir un poco mejor...





Saqué mi celular del bolsillo de mi pantalón, no estaba muy segura de a quién llamar, llamar a Arthur sería una estupidez... y llamar a Bill ¡También! No podía arriesgar a mi papá a que un vampiro lo matara ni a Bill a ser devorado por lobos, solo pensar en eso hizo que me dieran nauseas, pero cuando abrí el celular me di cuenta que la batería se había terminado y me había olvidado por completo de cargarlo, lo aventé al asiento trasero con una expresión de frustración... solo por un segundo una idea pasó por mi mente, quise quitarme mi anillo e intentar llegar hasta donde estaba Bill, pero esa idea se desvaneció cuando me di cuenta que era una locura, una estupidez, yo no tenía la certeza de que fuera real, durante todos estos meses Bill y yo nunca volvimos a hablar sobre ese día cuando creí estar soñando y me “transporté” hasta su casa, al final solo debió ser eso, un sueño y en este momento no tenía tiempo para ponerme a averiguar nada, tenía que salir de aquí...



Las manos me seguían temblando pero logré poner en marcha el auto y me di cuenta que estaba hiperventilando, aceleré todo lo que pude, en ese momento deseé que el motor no fuera tan lento, solo quería llegar a mi casa...



Respiré profundo y solté el aire muy lentamente varias veces, mientras aferraba ambas manos al volante para tratar de calmarme, pero cuando entré a la casa corriendo como un bólido y gritando me di cuenta que no había funcionado.



Arthur ya estaba en casa y me tomó por los hombros para detener mi carrera



-¡Beth! ¡¿Qué pasa?!- dijo aún sosteniéndome por los hombros



-¡No son osos! ¡Son lobos!- grité



-¿De qué hablas?- parecía preocupado



-El oso que han visto cerca del sendero y del río Ryck- dije tratando de sonar tranquila- ¡Es un lobo! bueno, son varios... ¡Los vi!



-¿Estabas en el bosque a esta hora? acaso no recuerdas que te pedí que no salieras sola- ahora parecía horrorizado- ¿Estás bien? ¿Te atacaron?- negué con la cabeza



-Lo siento papá, yo no...- fue lo último que se me alcanzó a entender antes de que rompiera a llorar casi hasta llegar a la histeria, sentí que por fin dejaba escapar toda la tensión del momento, mientras mi papá me abrazaba y prácticamente me arrastraba al sillón. Temí que pensara que mi reacción era exagerada, dado que yo estaba ilesa y que me hiciera más preguntas, pero por suerte no fue así, él pareció creer que era más que suficiente ver una manada de lobos para provocar un ataque de histeria como el que yo estaba teniendo.      



No supe cuanto tiempo pasó, debí quedarme dormida después de tanto llorar porque sentía los párpados hinchados, pesados y no tenía muchas ganas de abrirlos, me sentía cómoda y caliente, todo parecía indicar que estaba en mi cama, seguramente Arthur me había traído hasta aquí.



Hice un esfuerzo y abrí los ojos, estaba sobre mi costado, frente a la ventana, se veía muy oscuro allá afuera, por suerte la lámpara estaba prendida, traté de levantarme un poco pero unos dedos helados me lo impidieron tomándome del brazo, era Bill que estaba sentado junto a mí, sin pensarlo dos veces me lancé hacia él y lo rodeé con mis brazos mientras intentaba callar unos pequeños sollozos que se escapaban de mi garganta.





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1 comentario:

clauss dijo...

ayyyy que susto pero que bueno que solo fue eso espero el siguiente