RESUMEN


¿Qué harías si todo tu mundo cambiara derepente? ¿Si todo lo que pensabas imposible fuera real? Si la persona que más amas estuviera a punto de matarte... y guardara un secreto que podría cambiar tu vida...


CATEGORIA: hetero.

GÉNERO: romance, vampiros

PERSONAJES: Tokio Hotel

CLASIFICACIÓN: +15

TERMINADA: no

18 ene 2011

CAPITULO 3:










------- Narra Bill--------










Estaba sentado en el salón de clases, el aburrimiento era tal que ni siquiera era capaz de recordar la clase en la que estaba, deseaba tanto poder cerrar los ojos y dormir, de hecho estar en la escuela era lo más parecido que tenía a dormir ya que me encontraba en un estado inerte entre periodos activos, disimuladamente tomé mi Ipod del bolsillo de mi chamarra y me coloqué los audífonos, era la única manera de minimizar un poco las voces que revoloteaban en mi mente, aún con el sonido de la música sería capaz de escuchar si el profesor me hacía una pregunta, aunque realmente dudaba mucho que eso sucediera, hacía mucho que los profesores habían dejado a un lado las preguntas para mí cansados de escuchar siempre la respuesta correcta, era lógico después de cursar tantas veces la preparatoria, saber todos los temas de memoria.






Todos los pensamientos del día de hoy se centraban en el ingreso de una alumna a la escuela, para todos los humanos era todo un acontecimiento, había visto su rostro desde todos los ángulos en los pensamientos de los demás. La emoción que había causado su ingreso resultaba predecible hasta el aburrimiento, solo era otra chica como las demás.






Solo hay 3 voces que intento siempre bloquear por cortesía, las de mis hermanos, los cuales están ya tan acostumbrados que no se quejan por falta de intimidad, aún así lo intento, pero a veces no puedo evitar enterarme de cosas, Tom estaba impaciente por que terminaran las clases y así poder organizar una revancha contra Andreas, la noche anterior había perdido y estaba que echaba chispas, Mila estaba con los ojos fijos en la nada tratando de concentrarse buscando si había algún signo que nos alertara sobre algún riesgo con Andreas.




En cuanto llegó la hora del receso Tom y yo nos dirigimos a la cafetería, en el mostrador estaban comprando el almuerzo Mila y Andreas, nos dirigimos hacia ellos y tomamos nuestras charolas como de costumbre, había que guardar las apariencias, nos sentamos los 4 en la mesa de siempre en una esquina, la más alejada de las demás.




-Bill- me llamó Mila mentalmente -¿Cómo va? ¿Hay algún peligro?-




Moví la cabeza hacia la izquierda muy despacio, como si contemplara las demás mesas, y luego me volví hacia la derecha. Sólo Mila se dio cuenta de que estaba negando con la cabeza. Estaba muy acostumbrado a tener este tipo de charlas mentales con ella. Aunque en realidad no disfrutaba el tener que vigilar los pensamientos de Andreas, ¿No era mejor admitir que él nunca sería capaz de controlar su problema con la sed como los demás, en vez de tentar su fuerza de voluntad? Hacía 2 semanas desde que habíamos salimos por última vez a cazar, lo cuál no significaba un gran problema para el resto de nosotros, tal vez algo doloroso cuando algún humano se acercaba demasiado, pero es algo que no suele ocurrir frecuentemente, su instinto les dice que somos peligrosos y en ese momento Andreas realmente lo era.




Una chica pasó rodeando nuestra mesa y en ese momento una ráfaga de viento frío hizo revolotear su rubio cabello llevando hacia nosotros su aroma, inmediatamente sentí la garganta seca y adolorida, un hueco en el estómago y un flujo excesivo de veneno en la boca, ya estaba acostumbrado a la sensación que me provocaba ese olor, pero hoy era más difícil de ignorar debido a que seguía los pensamientos de Andreas, era como sentir la sed de los 2, él comenzó a imaginar que se levantaba de su lugar y se dirigía a la chica, se inclinaba como susurrándole algo al oído y sus labios rozaban su garganta, podía imaginar el flujo de su sangre brotando caliente hacia su boca, di una patada a su silla.




-Lo siento- dijo bajando la mirada, podía oír en sus pensamientos como se debatía.


-No iba a pasar nada, lo vi- dijo Mila tratando de romper la tensión que se había formado en la mesa, no resultaba fácil para ninguno de los dos oír voces y tener visiones del futuro. A veces nos sentíamos como bichos raros. Debimos de haber ido a cazar la noche anterior, era estúpido arriesgarnos de esa manera y Andreas tendría que reconocer sus limitaciones.


“Bill Kaulitz”, casi por reflejo me volví al oír mi nombre, nadie lo había pronunciado en voz alta, solo lo había pensado, al girar la cabeza me topé con unos ojos color chocolate, inmediatamente reconocí ese rostro a pesar de no haberlo visto mas que en las mentes de los demás estudiantes, era Bethzaira Wilhem, la nueva alumna, hija del jefe de policía Wilhem, por lo visto le gustaba que la llamaran Beth ya que había corregido a todos los que la llamaban por su nombre completo, me tomó un segundo darme cuenta que no era ella quien había pensado mi nombre.


“Claro Beth ya se ha quedado fascinada con los Kaulitz”, continuaba el pensamiento que había oído, lo identifiqué como la “voz” de Monika Fürste, hacía ya un buen tiempo que dejo de molestarme con sus fantasías, realmente estaba tan encaprichada que era difícil escapar de ellas, me hubiera gustado decirle lo que podría pasar si mis labios (y mis dientes) estuvieran tan cerca de su cuello, eso hubiera acabado rápidamente con sus fantasías.


“No entiendo por qué todos los chicos la miran embodados” continuó Monika “ni siquiera es tan bonita... hasta Georg la mira...” hizo una mueca de dolor al pensar esto último, seguramente este debía ser su más reciente capricho. Kelly Hoffmann también hablaba con la chica nueva y le explicaba todo lo que los demás sabían de mi familia, pero sus pensamientos eran más amables, parecía que realmente había simpatizado con la nueva, traté de bloquear su charla antes de que me volvieran loco.






-Monika Fürste y Kelly Hoffmann están sacándole todos los trapos sucios del clan Kaulitz a la chica nueva- le murmuré a Tom




-¿Y lo están haciendo bien?- dijo sonriendo, en un tono tan bajo que ningún humano sería capaz de escucharnos


-En realidad son poco imaginativas, ni una pizca de terror... que decepción




-¿Y la chica nueva también está decepcionada?


Puse de nuevo atención en su charla, ¿Qué diría Beth cuando se fijara en la extraña familia de piel tan blanca, de la que todos se alejaban? Por lo regular era yo quien hacía el papel de vigilante con los humanos, debía hacerlo por la seguridad de mi familia, si alguien comenzaba a sospechar o notar algo raro con nosotros, yo debía ponerlos sobre aviso para inmediatamente desaparecer del lugar, ya había ocurrido un par de veces antiguamente, aunque en las últimas décadas los humanos habían estado tan sumergidos en sus propios problemas y frivolidades que muy pocas personas tenían tiempo para imaginar historias de terror con vampiros y nosotros cada vez adquiríamos mejores “técnicas” para pasar desapercibidos.



Por más que intenté concentrarme no lograba escuchar nada más que no fueran las voces de Kelly y las frivolidades de Monika, parecía como si la chica nueva se hubiera ido... no, no era posible ya que Kelly seguía sosteniendo una charla con ella “Sí... bueno Tom y Bill son gemelos, aunque no lo parecen y los 2 rubios creo que son sobrinos del doctor o algo así, parece que los adoptaron desde niños”... ella debía de haber preguntado sobre nuestro parentesco, esperé una respuesta de su parte pero nunca llegó, qué extraño... comenzaba a desesperarme, nunca antes me había pasado, volteé hacia donde estaban y me topé con sus ojos color chocolate, sus mejillas tenían un color rosado, podía ver el flujo de su sangre correr por sus venas, me alegré de que Andreas siguiera con la vista fija en la mesa, incluso podía ver el esfuerzo que representaba para ella estar ahí sentada tratando de mantener una conversación con extraños, su expresión mostraba sorpresa, curiosidad, algo que no era extraño, muchas personas sentían curiosidad y rechazo por mi familia, también parecía sentir algo más... ¿fascinación?... tal vez, resultábamos hermosos a los ojos de los humanos, nuestras presas potenciales. “Hola Beth!” de pronto alguien más se unió a su plática, fue fácil reconocer la voz se trataba de Georg Listing uno de los chicos de Greifswalder Bodden “Veo que ya conociste a mis amigos” dijo, de nuevo siguió un silencio, me sentí frustrado y cansado de esforzarme, no tenía sentido obsesionarme con una simple humana, pero ¿Qué era lo que tenía esa chica que me hacía imposible leer su mente? a pesar de su “silencio mental” sus ojos reflejaban claramente sus emociones. Comencé a pensar que algo extraño estaba pasándome, era la única razón por la que no sería capaz de leer su mente, pero me sentía como siempre... de nuevo intenté concentrarme en su charla, Georg parecía tener cierto interés en ella, aunque eso lo hubiera podido notar hasta un humano! no era necesario leerle la mente para darse cuenta, al parecer ya la conocía desde antes, estaba pensando en una playa con 2 niños jugando en la arena, uno de esos niños debía ser él y la otra debía ser Beth, pensaba en lo guapa que se había vuelto, después la plática dio un giro, ahora entre él, Kelly y su novio Gustav la ponían al corriente de los chismes de la escuela, ella parecía solo prestar atención y yo me esforcé una ultima vez, de pronto todas las “voces” comenzaron a gritar en mi cabeza...














(Dar PLAY)


-¿Qué miras?- dijo Mila sacándome de mi concentración, lo cuál agradecí ya que estaba siendo muy molesto todo aquello, no deseaba obsesionarme con sus “pensamientos ocultos”, seguramente ya encontraría la manera para descifrarlos y los encontraría tan comunes y corrientes como los de los demás.




-¿La chica nueva ya nos tiene miedo?- preguntó Tom, yo solo me encogí de brazos por respuesta y nos levantamos de la mesa un segundo antes de que sonara el timbre. Intenté olvidarme de la chica casi por completo.






Al día siguiente me encontraba en clase de química, preparándome para soportar el aburrimiento, me instalé en mi lugar y coloqué los libros regados por toda la mesa, los cuales no contenían nada que yo no supiera. El salón poco a poco comenzó a llenarse, todas las mesas fueron ocupadas, yo era el único que no compartía mesa, el instinto de supervivencia de los humanos los mantenía alejados de mí aún cuando su mente racional no entendía el porqué, el profesor Delbrück estaba a punto de comenzar cuando alguien más llegó, Bethzaira Wilhem estaba parada en la puerta, parecía nerviosa y al parecer trataba de buscar un lugar donde sentarse, rápidamente limpié el lugar, seguramente ella lo ocuparía al no haber otro. Comenzaba para ella un semestre muy largo, al menos en esta clase, tal vez lograría descifrar el secreto de su mente teniéndola cerca, nunca antes había necesitado de la cercanía para hacerlo pero... tampoco es que pensara que valía mucho la pena intentarlo... solo era otra humana.


Tal como lo imaginé el profesor le señaló el lugar, ella titubeó un poco al darse cuenta que quien se sentaría a su lado sería yo, dio unos pasos y se colocó justo delante de la calefacción que en ese momento soplaba en mi dirección... sentí un fuerte golpe cuando su olor me llegó, como la bola de una grúa de demolición... en ese instante mi perspectiva de la vida cambió, no quedó ni un rastro de la poca humanidad que trataba de conservar... yo era un vampiro y ella tenía la sangre más dulce que jamás había olido en 90 años, aún no podía comprender que existiera un aroma tan exquisito como ese, de haber sabido que existía hace mucho que lo hubiera buscado, si fuera preciso, por todo el planeta... comenzaba a imaginarme el sabor... sentía la boca y la garganta ardiendo, mi estomago se retorció de hambre era como si en vez de aire lo que entraba por mis pulmones fuera fuego, sentía en mi boca un flujo incontrolable de veneno, mis músculos se contrajeron para saltar en cualquier momento y aun no había pasado ni un segundo, ella todavía no terminaba de dar un paso cuando clavó los ojos en mí, vi la expresión de mi cara reflejada en sus pupilas, era la imagen de un depredador, de un monstruo y eso fue lo que en esos momentos le salvó la vida, pero ella no hacía nada por ayudar, sus mejillas se llenaron de sangre pintando su piel del color más delicioso que había visto, su olor ocupaba mi mente haciendo mis pensamientos totalmente incoherentes. Los nervios la hicieron caminar lentamente, sus pasos eran torpes, se veía tan vulnerable e indefensa, incluso más que cualquier otro humano. Intentaba concentrarme en el rostro que había visto reflejado en sus ojos, el del monstruo que había en mí y que había derrotado durante décadas de disciplina, su olor hizo que casi saltara de mi asiento... no!... mi mano se aferró a la mesa con todas mis fuerzas al punto de dejar marcada la forma de mis dedos, tenía que destruir la evidencia, era una regla básica, tomé las astillas entre mis dedos hasta hacerlas polvo, sabía lo que estaba a punto de suceder, la chica se sentaría junto a mí y yo tendría que matarla al igual que a los 18 alumnos restantes y al profesor, una vez que estos fueran testigos de la atrocidad que cometería contra la chica. Casi al momento de pensarlo me acobardé, ni en mis peores momentos había llegado a cometer un crimen como ese.






No le daría tiempo a ella de reaccionar, gritar ni sentir dolor, no sería cruel con ella, era lo único que podía hacer, pero no debía demorar, dejar que los demás escaparan, las ventanas no significaban ningún riesgo ya que eran bastante altas, solo quedaba la puerta, debía bloquearla, pero para entonces ya estarían haciendo mucho ruido, seguramente eso atraería la atención de personas en el pasillo y eso aumentaría el numero de inocentes que matar.


Lo mejor sería comenzar por los testigos y reservar el dulce sabor de Beth para el último momento, hacerlo no me llevaría más de 5 segundos. Su olor seguía quemándome y resecando mi garganta, el monstruo estaba a punto de salir... alguien abrió la puerta en ese momento y una ráfaga de aire fresco e inodoro llegó hasta mí, aspiré una bocanada, durante un segundo logré pensar con claridad y vi 2 rostros uno era el de Jörg mi papá, el cual tenía una gran fuerza de voluntad que lo había llevado a abrazar una vida lo más humanamente posible y alejado de la tentación de probar sangre humana, yo había intentado seguir sus pasos durante los últimos 80 años, mis rasgos no habían cambiado, pero a mí me parecía que algo de su sabiduría y compasión había marcado mi expresión así como trazas de su paciencia eran evidentes en mi ceño. En pocos momentos, no quedaría en mí nada que reflejara los años que había pasado con mi padre. El otro rostro era el de Simon mi mamá, mis ojos volverían a brillar rojos como los de un demonio, toda la bondad habría desaparecido. Yo veía el rostro de mis padres en mi mente, y sus ojos no me juzgaban. Sabía que ellos me perdonarían por el horrible acto que iba a cometer, porque me amaban, y pensaban que era mejor de lo que en realidad era. Y seguirían queriéndome, incluso aunque les demostrara que estaban equivocados, la tristeza me hería tanto como el fuego en mi garganta.




Beth se sentó juntó a mí, me aparté de ella con asco, sentía repulsión por esa humana que me hacía desear tanto su sangre ¿Por qué tenía ella que venir aquí y destruir mi vida? ¿Por qué tenía que acabar con mi paz? ¿Por qué tenía que haber nacido? De pronto me sentía invadido por una terrible furia, decidí que lo mejor era no verla, ignorarla ¿Por qué tenía que arriesgar mi vida y la de mi familia por culpa de esta humana? ¡Yo no quería volver a ser un monstruo! ¡No quería matar a tantos inocentes! ¡No! Ella no era nada... no valía la pena perderlo todo por nada... el problema era su exquisito olor, tenía que resistirlo de alguna manera, si tan solo alguien volviera a abrir la puerta y una ráfaga de aire fresco llegara hasta mí.




Beth inclinó la cabeza fijando la mirada en la mesa y al hacerlo sacudió su cabello castaño ¿Estaba loca? ¡Era como si se empeñara en querer hacer salir al monstruo! De nuevo rogué por un poco de aire fresco, no lo hubo, pero yo no tenía porque respirar... sentí un alivio, pero no era completo, aún tenía el recuerdo de su olor, podía sentirlo también en mi lengua, nunca antes había interrumpido mi respiración por mucho tiempo, era incómodo, aun cuando mi cuerpo no necesitaba oxigeno, al menos era preferible que seguir oliéndola y no poder clavar mis dientes en su suave y tibia piel... ¡No! ¡Solo 1 hora! Tendría que resistir por lo menos 1 hora, debía hacerlo si quería evitar una masacre. Debía dejar de pensar en eso y buscar algo más en que concentrarme, algo que no fuera ella, pero no pude, deseaba saber lo que estaba pensando, por lo menos poder ver sus ojos pero ella mantenía la mirada apartada de mí, fija en la mesa ¿Era por timidez? o ¿Sentiría miedo? Mi odio hacia ella crecía cada minuto, odiaba no poder saber lo que pensaba, odiaba que su olor me volviera loco... la odiaba con la misma intensidad con la que amaba a mi familia.




Me sentía impaciente, deseaba tanto que la hora terminara, pero ¿Y después? ella saldría del salón y yo podría presentarme, Hola soy Bill Kaulitz ¿Puedo acompañarte a tu salón? lo más probable es que ella aceptara, aunque me tuviera miedo, eso era lo correcto, y entonces no sería difícil llevarla por el camino equivocado, el lado derecho del patio chocaba con una parte del bosque, estaba lloviendo, ¿2 impermeables pasarían desapercibidos? ¿Alguien se daría cuenta que había sido yo la última persona con la que Beth había estado? Mi cuerpo temblaba levemente por culpa del ardor y la sed... sonó el timbre... por fin se había terminado esa hora de pesadilla, salté de mi asiento y me apresuré a salir del salón sin tener ningún cuidado en no ir demasiado rápido y levantar sospechas.




Me dirigí a toda prisa al estacionamiento, entré en mi auto, por suerte a esa hora el lugar estaba vacío, casi inmediatamente al respirar el aire fresco y húmedo y sentir la fina lluvia mojando mi cara sentí un alivio, que recuperaba la cordura y el control de mi mismo, ahora podía pensar con claridad, me di cuenta que mi odio hacia ella era injusto, lo que realmente odiaba era a mi mismo, todo lo que provocaba en mí, quizá si la evitaba podía terminar con todo eso, sí, eso era lo mejor, al terminar las clases iría a la dirección y pediría mi cambio de la clase de química. No había razón para disgustar a papá, ni causar tensión, preocupación o dolor a mamá.



Pensé en Mila ¿Por qué no había venido a ayudarme? seguramente me habría visto matando a Beth y al resto del salón... lo más probable es que se hallara tan concentrada vigilando a Andreas que no se había dado cuenta que el verdadero peligro en ese momento era yo, tal vez así era mejor me avergonzaba que mis hermanos supieran que estaba a punto de cometer una masacre.






-Buenos días señora Schmidt- dije entrando en la dirección -¿Podría ayudarme con mi horario?




-Por supuesto ¿Qué deseas?- “no seas tonta es demasiado joven, tanto como para ser mi hijo, es ridículo pensar en él de esa forma”- se decía a sí misma




-¿Podría cambiar la clase de química por otra...? ¿Tal vez física o biología? la que sea...




-¿Tienes problemas con el profesor Delbrück?




-No, no es eso... es solo que ya he visto esos temas y preferiría aprovechar el tiempo en algo más- dije con una voz suave y extremadamente amable mientras ella lo pensaba y revisaba las listas en la computadora: Todos los profesores se han quejado, contestan todo correctamente, deberían estar los 4 en la universidad, apuesto a que su mamá les da clases.




-Lo siento, pero todos los grupos están cerrados... en verdad no puedo hacer nada...


-Por favor señora Schmidt... debe haber algún lugar, donde sea...




-No, de verdad lo siento, pero tendrás que quedarte en química.




-Está bien, gracias- dije dando un ligero portazo al salir, no podía creer que iba a tener que soportar esto todos los días...

CAPITULO 2:

-Ya no te acuerdas de mí?? -dijo sonriendo tímidamente


-Eh?!... en realidad no... – Titubeé, tratando de recordar...-creo que tu apellido me suena familiar- respondí mientras nos dirigíamos al patio


-Mi padre es muy amigo del tuyo, te suena el nombre de Manfred Listing?? – mi mente iba a toda prisa tratando de recordar, sí!! ya lo tenía


-Nuestros papás solían salir juntos de pesca cuando éramos niños-


-Aún lo hacen de vez en cuando... oye cual es tu próxima clase??- me preguntó, sus ojos eran verdes y chispeantes como si sonriera con ellos






-Álgebra en el salón 5- dije mirando mi horario


-mmm bueno vamos, a mi me toca en el 6- atravesamos el lluvioso patio mientras nos reíamos y platicábamos acerca de cuando éramos niños y solíamos jugar cerca de la playa, nos detuvimos frente a mi salón


-Espero que haya alguna otra clase en la que coincidamos y podamos seguir platicando... tal vez te vea en la cafetería- dijo sonriendo y con un tono de voz que sonaba esperanzador.


Suspiré y entré al salón, por un momento había olvidado la sensación de tener un nudo en el estómago pero volvió en cuanto el profesor de álgebra pidió que pasara al frente y me presentara, me sentí ridícula y torpe con todas las miradas curiosas puestas en mí. En cuanto regresé a mi banca comencé a garabatear en mi libreta, tenía la manía de dibujar ojos y mientras, esperaba que el color de mis mejillas desapareciera.










La siguiente hora resultó mejor ya que hubo una chica más bajita que mi 1.70 y de cabello castaño y ondulado de nombre Kelly Hoffmann que se sentó a mi lado en álgebra y comenzó a hacerme plática, era agradable y bastante parlanchina, no había necesidad de hablar mucho, ella se encargó de llevar la plática y detrás de ella se sentaba su novio Gustav Schäfer, él parecía un chico tímido, pero buena onda, no muy alto, de cabello corto rubio, ojos castaños y tierna mirada.








Por suerte también estuvimos juntos en la siguiente clase, eso realmente me tranquilizó, nos fuimos juntos a la cafetería, nos formamos para tomar nuestro almuerzo y nos dirigimos a una mesa cercana que estaba vacía, en la mesa de junto estaban otras 2 chicas que eran sus amigas, Kelly me las presentó, creo que el nombre de una era Monika Fürste pero no le puse mucha atención mi mirada se desvió hacia la fila de chicos que formaban para tomar su almuerzo, ahí estaba Georg, que me saludó agitando una mano, le devolví el gesto. No podía creer que ese chico fuera el mismo niño flacucho y de orejas grandes con el que jugaba de niña, realmente había cambiado, no era muy alto pero tenía los hombros anchos y musculosos, sus ojos verdes eran pequeños pero bonitos y su nariz recta y afilada.







Hacia donde volteara había miradas curiosas clavadas sobre mí, traté de esquivarlas, pero ya comenzaba esa sensación de nudos en mi estómago, respiré profundo intentando calmarme, cuando de pronto miré hacia una esquina de la cafetería y algo atrajo mi atención...


Eran 4, 3 chicos y 1 chica, se sentaban en una mesa apartada de los demás, no me miraban como todos así que pude observarlos sin temor a que se dieran cuenta, parecía que no se movían ni comían, pero no era solo eso lo que me daba curiosidad, sino lo diferentes que parecían del resto de los estudiantes.


Uno de los chicos tenía el cabello peinado en rastas rubias de varias tonalidades que iban desde el castaño dorado al color miel y llevaba una gorra, parecía ser alto y delgado aunque no por eso dejaba de tener buen cuerpo, su rostro tenía unas finas facciones, sus ojos eran oscuros y sus labios eran carnosos, realmente apetecibles y llevaba en ellos un piercing de lado izquierdo. Su ropa era extremadamente ancha de estilo hiphop, pero aun así lucia muy bien.


Otro chico tenía el cabello rubio casi platino, lacio y un poco alborotado, era alto, él parecía tener los ojos un poco más oscuros, eran negros y su ropa era menos llamativa, lo que más resaltaba de él era su expresión, como si algo estuviera causándole dolor.


El otro era aún más alto y mucho más delgado, su cabello era de un negro intenso, lo llevaba largo casi a la altura de los hombros y algo despeinado en la parte superior de la cabeza, con unos mechones cayendo por su frente como de algún modelo de revista, sus ojos también eran un poco oscuros, y tenían una forma demasiado perfecta los llevaba delineados de negro lo que los hacia resaltar aun más, sus labios eran un poco más delgados que los del otro chico y llevaba un piercing en la ceja de lado derecho, su ropa era completamente diferente a los otros, llevaba unos jeans ceñidos y una chaqueta que parecía de diseñador con varios cierres y bolsillos, tenía una mano sobre la mesa y pude ver que llevaba las uñas color negro con una manicura perfecta y varios anillos bastante llamativos.




La chica era también alta, su cabello también era de un rubio casi platino y terminaba en unas suaves ondas en las puntas a mitad de su espalda, su figura era perfecta como de top model, realmente hacía parecer insignificantes a todas las demás chicas que estábamos presentes en la cafetería, sus ojos eran grandes, oscuros y sus labios carnosos, Su ropa parecía sacada de un catalogo con las últimas tendencias y sobre todo poseía una elegancia que nunca antes había visto.


A pesar de las diferencias en el cabello, los 4 se parecían muchísimo, eran extremadamente blancos, casi traslúcidos con unas ojeras muy marcadas como si fueran del color de los moretones, parecían no haber dormido en semanas, sus facciones eran perfectas, simétricas, angelicales. De hecho eso era lo que más llamaba mi atención, su increíble belleza, nunca hubiera esperado encontrar personas tan hermosas en Greifswald y menos en una preparatoria, tal vez en alguna foto truqueada de alguna revista pero nada más.


No parecían mirar hacia ningún lado y aun permanecían inmóviles como unas esculturas antiguas y perfectas, talladas en un mármol extremadamente blanco.


-Quienes son los de allá?? – le pregunté a Kelly, ella volteó para ver a quienes me refería y en ese momento el chico de cabello negro volteó a vernos como si hubiera escuchado, pero desvió la mirada con una expresión extraña


-Son Mila, Andreas, Tom y Bill Kaulitz, son hijos del doctor Jörg Kaulitz y su esposa Simon- me dijo tímidamente


-Wooaw!! son realmente... guapos-


-Vaya que si lo son!! pero mejor olvídalo- me dijo Monika poniendo los ojos en blanco


-Mila y Tom salen juntos y Bill, el de cabello negro, no sale con nadie, pero Andreas, el rubio que parece estar sufriendo es el más raro de todos, de hecho no suelen ser muy sociables- me respondió Kelly


-Sí y siempre andan los 4 solos sin juntarse con nadie, parecen bastante antipáticos, ya te darás cuenta- volvió a decir Monika, por su tono se notaba que no había tenido muy buenas experiencias con ellos.


-Salen juntos?? creí que eran hermanos??- dije pensando en que todos llevaban el mismo apellido


-Sí, bueno Tom y Bill son gemelos, aunque no lo parecen y los 2 rubios creo que son sobrinos del doctor o algo así, parece que los adoptaron desde niños- dijo Kelly


-Oh!- dije aun sorprendida, me sentía como si mirarlos me hipnotizara


-Hola Beth!- se oyó una voz que me sacó de mis pensamientos- Veo que ya conociste a mis amigos- dijo Georg mientras tomaba la silla que estaba junto a mi y se sentaba


-mmm sí! y espero que les haya caído bien- dije tímidamente mirando a Gustav y Kelly que en ese momento compartían una barra de chocolate


-Claro que nos caíste bien!! eres linda aunque un poco callada, ¿no Gus??


-Sí!! además a Kelly le caen bien todos los que la escuchan sin interrumpirla!!- dijo Gustav abrazándola, todos soltamos una risita mientras veíamos la cara de enfado de Kelly mientras decía refunfuñando- Me estás diciendo chismosa??!!


El resto del almuerzo siguieron tratando de ponerme al corriente de los chismes de la escuela incluyendo a los profesores, no supe como el tiempo pasó tan rápido, cuando el timbre sonó nos levantamos para dirigirnos a nuestras clases, no pude evitar voltear hacia la mesa de los Kaulitz, pero ya no estaban. La siguiente clase la compartía con Georg.


El timbre de salida sonó y rápidamente me despedí de mis “nuevos” amigos. Por suerte en cuanto salí mi papá ya estaba estacionado frente a la escuela, me apresuré a llegar al auto


-Hola papá!! – dije mientras abría la puerta del copiloto


-Hola Beth!! ¿¿Qué tal tu primer día?? por tu cara puedo ver que no fue tan malo- dijo mi papá con una sonrisa


-Pues no en realidad fue mejor de lo que esperaba... sabes con quien comparto 2 clases?? con el hijo de tu amigo Manfred, Georg Listing!!- yo misma me sorprendí de lo contenta que sonaba mi voz


-Qué bien! es un buen chico- dijo papá mientras arrancaba el auto. -Justamente vamos a verlos-


-A ellos??- pregunté- para qué??


-Es que le conté a Manfred de tu llegada y nos invitó a comer, pensó que sería una buena forma para que celebráramos tu bienvenida-


-ah o.k!!- dije sintiendo que la idea me agradaba demasiado, pensé que tal vez se debía a lo bien que se la pasaba uno en compañía de Georg, realmente era muy simpático y te hacía reír con sus ocurrencias –Qué extraño que Georg no comentara nada, seguramente él tampoco estaba enterado.


Mi papá condujo cerca de media hora hasta llegar al vecino poblado al pie de la costa de Greifswalder Bodden, donde vivían los Listing.



Casi llegamos al mismo tiempo que Georg, él venía en su auto y llegó tal vez un par de minutos antes, inmediatamente salió su papá y nos invitó a pasar. Después de una breve presentación que sirvió de recordatorio y una pequeña charla pasamos al comedor.


La charla durante la comida fue muy amena, aunque en ocasiones Georg y yo nos sonrojábamos por los incómodos comentarios de nuestros padres acerca de cuando éramos niños, no supe como salio a relucir el comentario de que necesitaba un auto para moverme por el pueblo sin necesidad de atenerme a papá, pero cuando me di cuenta Manfred ya nos había ofrecido su antiguo auto


-Beth no quiere algo muy lujoso-dijo mi papá- verdad hija??


-No- dije tímidamente viendo hacia mi último bocado de tarta de manzanas que tenía en el plato


-Qué bien!!, justamente estamos vendiendo mi auto, ya no lo necesito y Georg lo ha mantenido en perfecto estado- dijo Manfred -lleva a Beth a que vea el auto – dijo mirando a su hijo


-Vamos!-me dijo Georg mientras los 2 nos levantábamos para ir a la parte trasera de la casa donde había una especie de taller con toda clase de utensilios mecánicos regados por el suelo.


-Como verás el auto es bastante... viejo- dijo riéndose -pero es cierto que esta en buenas condiciones- dijo mientras me lo enseñaba por dentro y después me dio algunos detalles del motor y el kilometraje que realmente no entendí a pesar de mi esfuerzo, solo pude recordar algo acerca de que el motor no era muy rápido, lo cual sería preferible para Arthur, sobre todo teniendo en cuenta que la carretera casi siempre estaba mojada. También me dijo que su papá no había quedado muy bien de las vértebras después de una caída por lo que ya casi no salía y ya no lo necesitaba.



Cuando regresamos a la mesa ya me había decidido por el auto, mi papá estuvo encantado, tal y como lo pensé, cuando Georg le mencionó la lentitud del motor. Acordamos que de una vez me lo llevaría y así fue. Como ya había anochecido conduje sola hasta la casa seguida del auto de mi papá.


Al día siguiente, mientras conducía en mi “nuevo” auto, al menos para mí, recordé que mis clases serían diferentes a las del día anterior lo que inmediatamente provocó un nudo en mi estómago, era como empezar de nuevo, traté de mantener el optimismo y pensar que tal vez todo marcharía bien, encontraría algún buen compañero dispuesto a sacar la plática y tal vez en el almuerzo volvería a sentarme con Kelly, realmente me había caído bien, pero aún así el nudo de mi estómago no se iba.


Para mi mala suerte llegué muy temprano, en el estacionamiento de la escuela solo estaba estacionado un Audi Q7, no se mucho de autos pero recordaba haber visto un anuncio con un auto muy parecido hace poco tiempo en Baden, decidí esperar a que hubiera más estudiantes y me distraje un poco inspeccionando el auto que verdaderamente se encontraba en buenas condiciones y bastante limpio aunque aun tenía un ligero olor a cigarro.




Cuando me di cuenta ya estaba casi lleno el estacionamiento por lo que decidí que era momento de ir a mi salón, antes de abrir la portezuela le di un rápido vistazo a mi horario, tenía clase de química con el profesor Delbrück, me subí el gorro del impermeable, ya que para variar estaba lloviendo y salí tratando de esquivar las miradas curiosas a mi alrededor.


Al llegar al laboratorio me di cuenta que todas las mesas, que ésta vez eran dobles, estaban ocupadas, una de las chicas que me habían presentado el día anterior, Monika había entrado apenas un minuto antes que yo y se había sentado junto a Kelly, él profesor Delbrück, al verme parada en la entrada me hizo un gesto con la mano señalándome el único lugar vacío que estaba en una esquina, volteé para dirigirme al lugar y me di cuenta que quien ocupaba la mesa era Bill Kaulitz, nunca he sido buena para recordar los rostros de gente que apenas he visto en una ocasión, pero era imposible olvidar un rostro tan hermoso y perfecto, él me lanzó una mirada, pero no era de curiosidad como las de los demás, era fría y hostil, tanto que me hizo sentir incómoda, como si estuviera invadiendo su espacio al irme a sentar junto a él, así que intenté no mirarlo mientras me acomodaba en mi lugar, lo cual obvio, me resultaba casi imposible.


El profesor empezó a hablar, pero no podía concentrarme en su clase, me había dado cuenta que Bill se había alejado de mí todo lo que el ancho de la mesa le permitía, había volteado la cara y tenía una mano sobre su mejilla de manera que casi le cubría la nariz, y la otra mano la tenía cerrada en un puño, me daba la impresión de que mi olor le desagradaba, recordé que por la mañana había lavado mi cabello con mi shampoo de frutas, así que tal vez solo eran ideas mías. De vez en cuando lo miraba de reojo para ver si había cambiado esa incomoda posición, pero no, así permaneció hasta que el timbre sonó y fue el primero en salir, tan rápido que me pareció que casi había volado hacia la puerta.




Las siguientes clases estuve sentada junto a Kelly, Gustav y Georg, lo cual me hizo sentirme mucho más relajada, aunque aún no lograba entender el comportamiento de Bill, estuve pendiente de sus reacciones por si alguno hacía cara de asco al acercarse a mí pero ninguno pareció sentir repulsión.


A la hora del almuerzo volvimos a sentarnos en la misma mesa. Mientras comíamos y charlábamos, aunque en realidad yo solo me limité a escuchar, me sentía extraña como si tuviera la necesidad de voltear hacia la mesa de los Kaulitz, me sentí ridícula por pensar así, pero de todos modos giré la cabeza hacia aquella esquina, de nuevo permanecían inmóviles, con las charolas de comida intacta e increíblemente hermosos igual que el día anterior, dejé de escuchar la plática de mis amigos por completo, estaba absorta contemplando su perfección, cuando de pronto algo raro pasó...



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CAPITULO 1:






-------Narra Beth---------








Bajé la ventanilla del auto para mirar por última vez el paisaje, el cielo era azul, había unas cuantas nubes blancas y el sol brillaba intensamente, respiré profundo para llenar mis pulmones de ese aire cálido antes de que nos estacionáramos en el aeropuerto.






-Beth estás segura que quieres hacer esto? -preguntó de nuevo mi mamá


-Sí estoy segura, quiero ir- dije tratando de sonar lo más convincente que podía


-Bueno de todos modos sabes que puedes llamar en cualquier momento y estaremos yendo por ti. Salúdame a Arthur- dijo mamá mientras me abrazaba dulcemente.


Por lo visto aún no lograba convencer a todos con mi discurso de que quería cambiar de aires y mi repentino interés de vivir con Arthur, mi padre, en Greifswald, lo cierto es que ni yo me lo creía pero era algo que ya estaba decidido desde hacía varios meses cuando mi mamá conoció a Henry en un viaje de trabajo que había hecho a Francia, ellos habían decidido casarse y yo sinceramente no tenía la más mínima intención de vivir con ellos, Henry no era un mal tipo pero tampoco es que hubiera una gran química entre nosotros. Mamá me dio un beso y me dirigí a abordar el avión.


El vuelo que me esperaba era algo largo, prácticamente atravesaría Alemania. Greifswald era un pequeño poblado al norte, cerca del mar Báltico con clima bastante frío y lluvioso, algo aterrador para alguien como yo que adoraba el sol y el clima templado de Baden que en ocasiones alcanzaba los 30 grados en verano. Intenté no pensar y saqué mi Ipod del bolso, después de un buen rato de escuchar música el sueño me venció.






Cuando bajé del avión busqué con la mirada y a un lado de la entrada estaba papá con su encantadora sonrisa, le devolví la sonrisa y caminé hacia él


-Beth!! Que tal el viaje??- dijo mientras me abrazaba y le daba un beso.


-Bien papá, aunque casi me la pasé dormida... – le respondí con una tímida sonrisa


-Y como está Britta??- me preguntó mientras recogíamos mi equipaje




-Feliz y muy ocupada con todo lo de la mudanza... ella y Henry te mandan saludos.- dije caminando
aferrada a su brazo hacia el estacionamiento, ahí nos esperaba el modesto auto de Arthur.


Para llegar a Greifswald mi papá condujo más o menos 1 hora, 1 hora en la que casi permanecimos en silencio, solo se escuchaba el sonido del motor, ya se podía ver el cielo encapotado y comenzaba a caer una fina lluvia que arreciaba conforme nos acercábamos al pueblo, lo que no me extrañaba, había pasado cada temporada vacacional de verano en Greifswald hasta que cumplí los 13 y fue papá quien viajaba a Baden cada año, solo pensar en ese lugar deprimente me causaba una punzada en el estómago, suspiré mientras contemplaba por la ventanilla la carretera mojada...






el paisaje era bonito, eso no se podía negar, todo estaba cubierto por un color verde, de hecho demasiado verde diría yo, había árboles por todos lados y musgo cubriendo los troncos y la orilla de la carretera...


-Ya está todo arreglado para que desde mañana puedas asistir a la escuela, fue más fácil de lo pensaba que te admitieran en mitad del curso- dijo papá rompiendo el silencio


-Sí, una suerte- dije sarcásticamente, no era tan difícil teniendo en cuenta la reducida cantidad de estudiantes que había en la única escuela... ese era otro motivo para nuevamente sentir punzadas en el estómago, sería la chica nueva, la comidilla de todos seguramente....


-Tal vez sería bueno conseguirte un auto para que puedas ir y venir a la escuela


-Un auto?? eso es genial!!! pero papá no quiero que gastes mucho... ya habíamos quedado en eso, no se tal vez pueda tomar el autobús...


-mmm bueno solo espero que estés a gusto en este lugar.- realmente no sería fácil acostumbrarme y menos sentirme muy feliz en Greifswald, pero al menos delante de él tendría que hacer un esfuerzo y disimular, no tenía porque ver mi mala cara...


-Compraremos el que tu escojas... mañana podemos ir a ver uno después de las clases, te parece??


-OK pero en verdad no quiero algo muy caro...- de nuevo se hizo un silencio, en eso nos parecíamos mi papá y yo, no éramos de mucho hablar que digamos y seguramente él seguía bastante sacado de onda con la repentina decisión de mudarme con él por tiempo indefinido, de pronto el auto se detuvo y me di cuenta que por fin habíamos llegado.








La casa era de 2 niveles pero pequeña, papá abrió la puerta y entramos, había una especie de vestíbulo pequeño, al lado derecho estaba la entrada de la cocina y al fondo una habitación más grande que servia de salón en el lado derecho y a la izquierda el comedor, al lado izquierdo del vestíbulo estaba la escalera


-Ven hija, de una vez instálate- me dijo mientras subía con mi equipaje y se dirigía a la que siempre había sido mi habitación mientras lo seguía.




Arriba a un lado de la escalera había una ventana, al lado derecho estaba el único baño de la casa, en medio había un pequeño pasillo que daba a las 2 habitaciones, la del lado izquierdo era la mía.


Abrió la puerta, entramos y dejó mi maleta sobre la cama


–Espero que te guste y si no puedes hacer algunos cambios...


–Gracias papá, así esta bien- intenté sonreír y el dio la vuelta para dejar que me instalara en la habitación, lo cual le agradecí ya que estaba cansada de fingir que estaba todo bien, por fin ahora que estaba sola podía dejar escapar todas las lágrimas, podía sentir como se desbordaban de mis ojos, realmente me sentía algo asustada, ahora ya aquí en Greifswald todo sería diferente para mí y tendría que hacer un esfuerzo para acostumbrarme, entre sollozos traté de acomodar mis cosas lo mejor posible, me sentía tranquila ya que sabía que papá no me escucharía llorar gracias al sonido de la lluvia, no supe como pero de pronto ya se había hecho de noche


-Beth tienes hambre?? Quieres cenar algo??- preguntó papá tocando mi puerta, la abrí


-No papá prefiero acostarme temprano para estar lista para la escuela- respondí tratando de mirar hacia otro lado para evitar que notara mis ojos hinchados


-Bueno entonces descansa. Buenas noches hija


-Buenas noches papá- esperé unos minutos hasta que escuché que papá bajaba las escaleras, tome un pijama y me dirigí al baño, después regresé y me metí en la cama tratando de dormirme, el sonido de la lluvia me ayudó a hacerlo por que no tarde mucho en conseguirlo.


El despertador sonó y eso hizo que despertara algo sobresaltada, lo apagué y me levanté, tomé la ropa que anoche había dejado preparada y me metí al baño, rogaba por que el llanto de ayer no me hubiera dejado marcas, me miré en el espejo y respiré tranquila al menos en parte, por que en realidad mi aspecto no era algo de lo que me sintiera muy orgullosa, siempre había sido muy delgada, mi rostro era muy pálido nada que ver con la idea que se tiene de alguien que vive en una ciudad soleada, suspiré resignada y me di prisa en bajar a desayunar.




En la cocina Arthur estaba sirviéndose una taza de café y en la mesa había algunas rebanadas de pan y un frasco de mermelada




-Buenos días Beth!- dijo sonriendo mientras sacaba del refrigerador una botella de leche y la ponía en la mesa




-Buenos días papá- respondí sacando de la alacena un tazón


-Dormiste bien??- me preguntó untándole mermelada a su rebanada de pan


-Sí, creo que estaba cansada por el viaje y la lluvia me arrulló.- respondí mientras me servía leche y cereal. Desayunamos rápido, él fue el primero en terminar y salir de casa para dirigirse a su trabajo de policía. Debido a su trabajo creo que todos en el pueblo lo conocían, para ellos era el jefe de policía Wilhem.




Salí de la casa en cuanto lavé los trastos, me puse mi impermeable ya que la lluvia había arreciado justo cuando abrí la puerta de la casa y salí, me dirigí a la esquina de la calle no pasó ni un minuto cuando el autobús que me llevaría cerca de la escuela llegó.








Al llegar había un pequeño letrero donde decía “Instituto Greifswald” me detuve por lo visto era algo temprano ya que solo había 2 o 3 coches en el estacionamiento, aproveché que aun no llegaran todos y me dirigí al edificio que estaba de lado derecho en la primera puerta había un pequeño cartel indicando que era la oficina, abrí y vi una salita de espera con un sillón y varios carteles y avisos de color chillón pegados en la pared, al lado una mesa con varias carpetas, junto había 2 anaqueles algo destartalados y delante de éstos un escritorio donde estaba sentada una mujer madura de cabello rubio y anteojos tomando una taza de café, volteando a verme preguntó


-Buenos días ¿Qué se te ofrece?-


-Buenos días. Soy Bethzaira Wilhem


-Ah! claro. ¡Bienvenida Bethzaira!- dijo sonriendo –Aquí tengo tus horarios- dijo y luego buscó en una de los cajones una carpeta, la puso sobre la mesa y me explicó donde se encontraban los salones.


-Gracias- le dije tratando de sonar tranquila y alegre, pero lo cierto es que ya me imaginaba que a estas alturas toda la escuela ya supiera de mi llegada y todos estarían mirándome como bicho raro en cuanto saliera.


Me dirigí a la puerta y antes de abrir tomé aire, qué era lo peor que podía pasar? nadie iba a morderme, aunque ya imaginaba lo que me esperaba.


Cuando salí ya había llegado la mayoría de los alumnos, traté de recordar donde se encontraba mi clase con el profesor Seward y me dirigí hacia el lado derecho, no fue tan difícil hallarlo, era un salón pequeño y ya había algunos alumnos dentro, busqué un lugar vacío no muy atrás ya que mi vista no suele ser muy buena, me senté en la segunda hilera cerca de la ventana, miré a mi alrededor disimuladamente y agradecí porque mi pálida piel y mi atuendo sencillo no desentonara mucho con los demás, también estaba agradecida de que el Sr. Seward no mencionara nada de mi llegada, en especial que no me hubiera hecho pasar al frente como me temía.


La clase pasó rápidamente y en cuanto sonó el timbre el chico de la mesa de al lado se volteó para hablarme


-¿Tu eres Bethzaira Wilhem verdad?- preguntó amablemente


-Beth- le respondí con una sonrisa, a pesar de que hablábamos en un tono bajo, casi medio salón se volvió a mirarme y no pude evitar sentir como el calor subía por mi cara
-Yo soy Georg Listing... ya no te acuerdas de mí?? -dijo sonriendo tímidamente












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