RESUMEN


¿Qué harías si todo tu mundo cambiara derepente? ¿Si todo lo que pensabas imposible fuera real? Si la persona que más amas estuviera a punto de matarte... y guardara un secreto que podría cambiar tu vida...


CATEGORIA: hetero.

GÉNERO: romance, vampiros

PERSONAJES: Tokio Hotel

CLASIFICACIÓN: +15

TERMINADA: no

2 jun 2011

Capitulo 9:

-----Narra Bill-----




De pronto algo me tomó por los hombros y tiró de mí con fuerza: -¡Bill qué haces!- escuché una voz que me sacó del trance en el que estaba. Cuando reaccioné Tom estaba frente a mí, sosteniéndome por los hombros, a un lado de nosotros estaba Mila sujetando a Beth que estaba como desmayada o quizá...


-¡¿Está muerta?!- dije inclinándome hacia ella







-No, todavía tiene pulso, pero es mejor que nos vayamos- dijo Tom


-¡No! no puedo dejarla así!!- me sentía al borde de la histeria, miré a Mila estaba teniendo una visión


-Bill, tenemos que hacerlo, Arthur y otras personas la están buscando y están muy cerca de aquí...


-No va a pasarle nada, la encontrarán y la atenderán... ¡Corre!





Sentí cómo era arrastrado por Tom y Mila, no nos detuvimos hasta que llegamos a nuestra casa, no tuve más remedio que contarles lo ocurrido a mis padres y Andreas, todos me miraban sorprendidos, podía escuchar en sus pensamientos toda clase de reacciones, algunos estaban preocupados por mí, pero otros solo se preguntaban como había podido cometer un error tan grande, fue hasta ese momento que empecé a comprender la razón de sus temores... Beth estaba viva, eso para mí significaba un alivio, es más, una alegría, pero para ellos era una señal de peligro, ella podría contar lo ocurrido y ese podría ser el fin para nosotros.


Intenté tranquilizarlos, después de lo que Beth me había dicho y de la forma en que nos besamos me resultaba imposible pensar que me delataría


-No creo que diga nada. Además sería ridículo ¿Quién le creería una cosa así?- dije


-Bueno, tal vez nosotros podíamos negarlo todo y después irnos- dijo mi madre, como siempre sabía que ella lo entendería, pero ¿Irnos? Todos comenzaron a sopesar esa posibilidad


-No quiero irme- dije firmemente


-Bill, aun cuando ella no diga nada sería riesgoso quedarnos- me dijo mi padre


-Lo sé, no digo que nos quedemos todos, solo yo... entiéndanme no puedo irme, no la puedo dejar...- era vergonzoso decir eso delante de todos, pero estaba desesperado, era como estar en el infierno, cuando por fin Beth y yo nos habíamos confesado nuestro amor, justo entonces teníamos que separarnos definitivamente y era aun peor saber que yo era el culpable de esa situación, si hubiera sabido controlarme...


-Entonces termina lo que empezaste y ya- ¿Qué? ¿Andreas estaba insinuando que matara a Beth? Lo miré con los ojos desorbitados –No me mires así, es la única solución, vuélvela uno de nosotros- me dijo, ah! era eso.


-¡No! no voy a convertirla, no voy a condenarla a una existencia como esta y tampoco voy a matarla- dije mientras salía disparado hacia mi recámara


-Es mejor dejarlo, ya se dará cuenta que debe tomar una decisión- escuché que mi padre decía, tenía razón debía calmarme y pensar pero la única forma en que podría estar tranquilo era sabiendo qué había pasado con Beth. ¿Ya estaría en su casa, con su padre? No tenía otra opción que esperar hasta mañana, pasé toda la noche escuchando música que me relajara, aunque no ayudó mucho, al menos hizo que el tiempo pasara más rápido.






(Dar play)


En cuanto fue hora de ir a la escuela, salí casi volando, ni siquiera esperé a mis hermanos, no quería que empezaran otra vez con sus reclamos. Busqué en los pensamientos de varios alumnos a ver si sabían algo de Beth, lo más probable era que no asistiera a la escuela, las clases ya estaban por comenzar y su auto no estaba en el estacionamiento. La espera me estaba matando, Tom estaba conmigo en el salón y noté que hacía un esfuerzo por apartar sus pensamientos de lo ocurrido la noche anterior.



Al entrar en la cafetería localicé a los amigos Beth,





tal como lo imaginaba ella no estaba, escuché que Monika preguntaba por ella y puse atención, exactamente como me había dicho Mila, su padre se había asustado al no encontrarla en casa, le llamó a sus amigos pero nadie sabía nada de ella, así que organizaron una búsqueda, recorrieron la ciudad y el bosque hasta que dieron con ella, escuché decir a Kelly que la habían encontrado desmayada entre los árboles, un doctor la había revisado, al parecer tenía hipotermia pero ya estaba mucho mejor, todos estaban más tranquilos de saber eso, Kelly solo añadió que la única herida que tenía su amiga era una especie de arañón en el cuello. Después de saber que Beth estaba bien y de comprobar que no me había mencionado para nada me sentí un poco aliviado.


Ahora sí podía tomar una decisión, después de pensarlo mucho me di cuenta que mis padres tenían razón, era mejor irnos todos. No tenía sentido quedarme, estaba seguro de que no iba a matarla solo para evitar que hablara, pero tampoco iba a volverla un vampiro, no podía permitir que ella fuera condenada a una existencia larga y vacía como la mía, era lo más egoísta que podía hacer, condenarla a ser un monstruo... no nunca. Además después de que la había mordido, seguramente que Beth no querría verme de nuevo, ni siquiera queriéndome como me había dicho ¿Cómo podría Beth confiar en alguien que le había hecho daño? Eso me dolía, pero tenía que afrontar las consecuencias de mis actos, así que obviamente ya no tendría nada que hacer en Greilswald...


1 jun 2011

CAPITULO 8:




----------Narra Bill------------




El martes mientras pasaba cerca de la dirección, escuché los pensamientos del profesor Delbrück, estaba haciendo un recuento mental de todo el material que requeriría para la clase de química: portaobjetos, agujas esterilizadas... El día de hoy nos enseñaría cómo saber el grupo sanguíneo... ¡oh no! me dirigí de prisa a la cafetería antes de que me viera, obviamente no iba a entrar a su clase, ¿Cómo explicaría que mi sangre fuera idéntica a la del par de venados que había tomado ayer? imposible... me senté en la mesa de siempre, comencé a divagar, quería saber qué estaría haciendo Beth en esos momentos, tal vez se sentiría más cómoda sin mi presencia, suspiré, solo pensar en esa posibilidad me dolía casi tanto como respirar su olor, pero era lo más probable tomando en cuenta mi comportamiento hacia ella, al cabo de unos minutos escuché unos pasos en el patio de la escuela y los pensamientos que los acompañaban “¿Ya te sientes mejor?” era Kelly, puse más atención para saber quién la acompañaba pero no pude leer sus pensamientos, solo podía tratarse de una persona, se detuvieron justo en la entrada de la cafetería, esperé que Kelly se fuera y le hice una seña a Beth para que se acercara, no se veía bien, tal vez estaba enferma, parecía indecisa de si acercarse o no, pero lo hizo


-Siéntate! ¿Qué tienes? Pareces enferma... ¿Te salaste o algo parecido?- claro tenía que preguntar, no podía asegurar nada sin que ella me lo dijera primero.



-No soy la única... –me dijo enarcando una ceja - No, es solo qué están tomando muestras del grupo sanguíneo y... yo... no me gusta ver sangre, el olor, me da asco – susurró tímidamente, su respuesta me causó un poco de gracia, qué ironía, a ella la sangre la enfermaba y yo no podría estar sin beberla


-¿Que tal pasaste tu cumpleaños en la playa?- le pregunté, ni siquiera me detuve a pensar en que estaba cometiendo un error, lo único que quería era hablar con ella, saber qué hacía y tenerla ahí conmigo



-¿Qué? awm... ¿Cómo sabes eso?- preguntó extrañada, tal como me lo esperaba



-Lo escuché de casualidad cuando lo planeaban a la hora del almuerzo- esperaba que se tragara ese cuento pero no funcionó




-Claro que no, te sientas demasiado lejos para poder escucharnos- me dijo muy segura




-Bueno... tal vez leí la mente de tus amigos- dije alzando la ceja- ¿No lo crees? suelo ser bueno leyendo mentes- mi explicación pareció no sentarle bien, de nuevo su rostro se veía de un color verdoso. Decidí cambiar de tema y ofrecerle algo de tomar



-No entiendo... esto significa que ¿somos amigos?- me preguntó


-Amigos... –repetí casi para mí



-¿O no? A veces creo que no te agrado- dijo, ¿Qué, en serio pensaba eso? ¿De verdad deseaba que fuéramos amigos?



-hugm no es verdad, de hecho ese es el problema, créeme me agradas demasiado... podría intentar ser tu amigo, aunque... tal vez debería prevenirte... no creo ser un buen amigo para ti. Si eres inteligente te alejarás de mí... – le respondí, me sentí en un dilema, por un lado eso era lo que más deseaba, estar cerca de ella, ser por lo menos su amigo... pero por otro lado tenía que ser realista ¿Qué posibilidades tenía de tenerla cerca y no hacerle daño? Tal vez si la prevenía del peligro que corría estando conmigo ella se alejara de una vez por todas ya que yo no pude. Pero creo que mi advertencia no sirvió de mucho por que me respondió: -Bueno... entonces hasta que sea inteligente podemos intentar ser amigos? Es que, en serio, no logro entender tus cambios de humor


- Se que no he sido muy amable contigo, pero créeme es mejor así... por tu seguridad- le aseguré seriamente, deseaba que ella creyera en mis palabras para mantenerla a salvo, ella solo me miró fijamente y yo deseaba saber qué pensaba

-¿Qué piensas? –pregunté


-Tú debes saber, dices que eres bueno leyendo mentes, ¿no?- me dijo alzando una ceja. Si supiera que ella era la excepción.



La noche del sábado salimos a cazar mis padres, mis hermanos y yo. Mila y Tom esperaron a que estuviéramos los 3 solos para hablar conmigo. Mi hermana había tenido una visión recientemente, Beth estaba conmigo en el bosque charlando y tomados de la mano, pero eso no era lo que preocupaba a Mila sino que Beth era igual que nosotros, era un vampiro


-No no es posible, eso no pasará, lo saben- insistí por décima vez


-Pero yo lo vi, es más aún puedo verlo, eso quiere decir que va a suceder... tal vez más pronto de lo que creemos


Está bien, no pasa nada si es lo que quieres, nadie te va juzgar por estar enamorado... -me dijo Tom poniendo su mano sobre mi hombro



-No lo estoy... bueno, tal vez siento algo por ella, no sé, parece tan frágil...

-Bill, no tienes que seguir fingiendo, siempre nos hemos tenido confianza ¿No?


-Ok, no se trata de que no les tenga confianza, es solo que... estoy confundido, nunca antes había sentido algo parecido... y tampoco quiero terminar matándola...- suspiré –Prométanme que me ayudarán a soportar esto... Si sabes que estoy a punto de hacerlo tienes que detenerme- dije mirando a Mila


-Te lo prometemos, lo haremos ¿verdad Mila? -dijo Tom, pero Mila no respondió, sabía lo que estaba pensando, ella no creía que yo fuera a matarla, confiaba demasiado en sus visiones y sabía que Beth terminaría siendo un vampiro como nosotros y eso no parecía preocuparle, además pensaba que sería buena idea tener a Beth como amiga



-Mila, prométemelo y no, Beth no será tu amiga, mejor ni lo pienses – le dije, ella me hizo una mueca pero terminó aceptando.



Estuve caminando solo por el bosque mientras iba amaneciendo, no dejaba de darle vueltas a la visión de Mila, nada me gustaría más que tener a Beth a mi lado, imaginaba lo que sería compartir la eternidad con ella. Pero si la mordía ¿Ella estaría de acuerdo? sabía que no le era indiferente, que tal vez hasta deseaba que fuéramos amigos, pero de eso a estar conmigo toda la “vida” había una gran diferencia, además aunque no le diera opción, si la mordía sin su consentimiento ¿Si no lograba detenerme antes de beber su última gota de sangre y la mataba? No, eso no podría resistirlo. Sabía muy bien como podía lograr la transformación, un vampiro puede morder a un humano y no pasar nada, el humano debe beber la sangre de un vampiro, por lo menos una gota para que ocurra la transformación, pero si el vampiro bebe toda la sangre el humano morirá y eso era lo que casi siempre pasaba, resultaba bastante complicado parar cuando sentías el flujo de sangre caliente en tu boca.









Estaba en eso cuando escuché ruidos a lo lejos, mientras se iban acercando unos pasos intenté escuchar de quien se trataba pero fue en vano ¿Qué? ¿Acaso era Beth? Qué podía estar haciendo ahí sola, estábamos en un lugar bastante alejado de la ciudad, precisamente por precaución, cuando casábamos nos resultaba difícil pensar, nos dejábamos guiar por el instinto y no nos gustaba la idea de toparnos con humanos, “espero que mi familia ya haya terminado de comer” pensé. La vi a unos cuantos metros, parecía cansada y algo nerviosa, probablemente estaría perdida, decidí acercarme por si necesitaba ayuda, estaba sentada en las raíces de un árbol, le toqué un hombro, debió asustarse porque dio un brinco


-¿Qué haces tú aquí? No creo que debas andar por el bosque tú sola- le dije


-No tenía ganas de quedarme en casa... pero no te preocupes, sé cuidarme sola-


-Eso es lo que tú crees... pero el bosque es un lugar peligroso para alguien como tú...- claro ella no tenía ni idea de que por aquí cerca había 5 vampiros cazando


-¿Por qué? ¿Quién podría hacerme daño... tu?- me dijo... me quedé mudo por un segundo ¿Qué hubiera dicho si supiera lo que Mila había visto?


-Podría raptarte... y tal vez no quisiera liberarte- dije en tono de broma para no asustarla todavía más –Puedo hacerte compañía, pero si te molesto...


-¡No! quédate... la verdad es que este lugar me da un poco de miedo- me dijo con una mirada suplicante, parecía una niñita perdida entre una multitud -Pensé que sabias cuidarte –dije burlonamente mientras me sentaba junto a ella, empezamos a platicar de varias cosas, pude hacerlo ya que su aroma se perdía un poco con el olor del bosque, aunque aún así podía sentir la sed quemándome, cuando decidí acercarme a ella pensé que no tendría problemas ya que había pasado parte de la noche cazando, pero no servía de mucho teniéndola tan cerca. Aunque tenía ganas de salir corriendo y dejar de sentir el ardor en mi garganta no podía, era mucho más fuerte el deseo de estar cerca de ella, deseaba poder tocar su piel...


-Hace frío- dijo rodeándose el cuerpo con sus brazos, ya estaba oscureciendo y la temperatura debía haber descendido bastante pero yo no lo podía notar, me quité la chamarra y la pasé detrás de sus hombros, aunque dudaba mucho que eso fuera ayudar, mi chamarra debía estar tan fría como mi temperatura corporal: -Es mejor que regreses a tu casa,- le dije -Puedo acompañarte ¿Quieres?


-A quien quiero es a ti- me dijo, tardé casi un minuto en procesar aquellas palabras ¿Ella me quería? ¿Estaba enamorada de mí al igual que yo de ella? Nos quedamos viendo fijamente a los ojos, la rodeé con mis brazos y acaricié su mejilla con mis dedos helados, pensé que se alejaría pero pareció agradarle mi contacto, todo me parecía tan irreal, estábamos tan cerca que podía sentir el calor que desprendía su cuerpo, era un calor abrasador que me recorría por completo.


-Beth... ya no puedo más, traté de alejarme de ti pero no puedo... – le susurré


-No, no lo hagas, no tienes por que alejarte... yo... te quiero, te necesito- sus palabras nublaron por completo mi razón, no podía pensar en otra cosa que no fuera ella, en lo que sentía por mí y yo por ella, era mía

-Yo también te necesito...- le dije mientras me inclinaba sobre ella y rozaba sus labios con los míos, la besé despacio, delicadamente como si fuera un trozo de cristal que podría romperse en cualquier momento. Sentí que me rodeaba con sus brazos y sentí una descarga eléctrica en mi cuerpo. Recorrí con mis labios su mejilla, su cuello... sentía que no podía respirar, su olor era tan fuerte que me quemaba aún más que la primera vez que la vi... volví a besarla en los labios, esta vez fue más apasionado, sabía que tenía que detenerme pero no podía, no tenía fuerzas para hacerlo, no pensaba en nada solo sentía cómo mis sentidos se iban agudizando, el flujo de veneno en mi boca, acaricié su cuello con mi nariz, sentía su pulso latiendo desbocado... esa fue la gota que derramó el vaso, no debí hacerlo, una sed intensa se apoderó de mí y sin darme cuenta de lo que hacía clavé mis afilados colmillos en su cuello... su dulce sangre fluía a borbotones hacia mi boca, sentía como Beth se desvanecía poco a poco entre mis brazos...










18 ene 2011

CAPITULO 7:







---------Narra Beth--------








Georg insistió para que el siguiente fin de semana hiciéramos el día de campo, nos aseguró que esta vez no llovería, acepté cuando vi que el viernes el cielo estuvo bastante despejado. El sábado el cielo era azul, Georg tenía razón, no llovía y ni siquiera estaba tan nublado, parecía que sí íbamos a poder disfrutar de nuestro paseo. Georg se ofreció a pasar por mí ya que la playa quedaba muy cerca de su casa. Durante el camino estuvimos charlando de varias cosas, incluido el clima, Cuando llegamos a la playa Kelly y Gustav ya estaban ahí, bajamos las cosas del auto, Gustav había llevado unos bancos para sentarnos y Kelly y Georg llevaban algo para almorzar, yo había ofrecido llevar algo pero ellos no quisieron, dijeron que era para celebrar mi cumpleaños, aunque fuera un poco atrasado.






Aprovechando el buen tiempo decidimos dar un paseo por la orilla del mar mientras nos íbamos riendo y tomando fotos con la cámara que me había dado mi papá, el paisaje era realmente hermoso, la playa no tenía mucha arena debido a las constantes lluvias por lo que la mayor parte estaba cubierto de pasto y musgo y detrás se encontraba un bosque, no era raro encontrar zonas boscosas en Greifswald, hasta el patio de mi casa colindaba con el bosque. Así pasamos casi toda la mañana hasta que nos comenzaron a chillar las tripas de hambre y regresamos a donde estaban los autos.




Por la tarde los chicos trajeron un poco de leña y encendieron una fogata, comenzamos a asar bombones y de pronto sin darme cuenta como salió el tema Kelly dijo




-Oigan chicos, cuéntenle a Beth las leyendas de por aquí- dijo mirándolos con una sonrisa




-No, tal vez la asusten- dijo Gustav riéndose maliciosamente




-Eso no asusta a nadie, son ridículas- decía Georg mientras le lanzaba una ramita a Gustav y se reía


-Pues de qué tratan? cuéntenme!!- les dije, ya me había dado curiosidad




-Bueno pues... hay una que dice que hace siglos, estas tierras estaban habitadas por lobos y cuando llegaron las primeras tribus empezaron a desaparecer algunos hombres, los demás organizaron un grupo de búsqueda y se dieron cuenta que eran los lobos los que los habían atacado, entonces comenzó una cacería contra los lobos que hizo que éstos casi desaparecieran. En una ocasión en que el jefe de la tribu salió al bosque a cazar, un lobo que era el líder de la manada se comunicó con él y le ofreció un trato, los pocos lobos que quedaban dejarían de matar a sus hombres y los hombres también dejarían de cazar a los lobos, el jefe de la tribu aceptó y para sellar el pacto se realizó un ritual en el que las almas de los guerreros más fuertes de la tribu ocuparon los cuerpos de los lobos, a partir de ahí convivieron en armonía y tiempo después cuando tenían que pelear contra algún enemigo volvían a unirse. Dicen que todavía quedan descendientes de esos hombres y que ellos aún pueden convertirse en hombres lobo...




-Qué tontería!!! -dijo Georg interrumpiendo el relato de Gustav con una carcajada. Todos nos reímos, realmente sonaba como un cuento para asustar a niños pequeños.






-No!! espera, hay otra aún más ridícula- me dijo Georg aún sin poder parar de reír –Hay otra que dice que hace tiempo llegaron a estas tierras un grupo de vampiros- Noté que Gus lo miraba seriamente, como si quisiera advertirle algo pero Georg se limitó a decirle- Es solo una leyenda- Se giró viendo hacia mí y continuó- Los vampiros causaron muchas pérdidas humanas y no encontraban la manera de detenerlos, así que de nuevo recurrieron a los descendientes de los guerreros, dicen que los hombres lobo son los únicos que pueden detener a los vampiros ¿Lo sabías?... espero que no tengas pesadillas esta noche Beth!!




-¡No seas tonto!- dije riéndome -¿Y como se supone que puedo distinguir a un vampiro?




-Pues... supongo que no les gusta el sol, deben ser pálidos... con dientes muy blancos y afilados- decía Gustav sonriendo –En las películas siempre son altos, veloces, con la piel fría, misteriosos... qué se yo...




Por alguna extraña y tonta razón no pude evitar pensar en Bill cuando escuché eso, sí, lo sé era estúpido, pero no lo pude evitar, traté de olvidarlo antes de que me preguntaran que me pasaba.




-Parece que ya va a llover, se está nublando, debería irnos ya- dijo Georg, todos asentimos y comenzamos a recoger y llevar las cosas al auto.




Cuando llegué, papá aun no estaba en casa, subí a mi cuarto y prendí la lap, conecté el cable de la cámara y comencé a ver las fotos que había tomado, pensé que sería buena idea mandarle alguna a mamá para que conociera a mis nuevos amigos. Me sentía algo intranquila y no entendía porqué. En cuanto mi papá llegó bajé a la cocina a preparar algo de cenar, no tenía mucha hambre así que solo tomé una taza de chocolate caliente, me despedí de papá poniendo de pretexto que estaba muy cansada y que al día siguiente le contaría como nos había ido en la playa y le mostraría las fotos.






Esa fue la primera noche que soñé con Bill, aunque más bien era una pesadilla, estaba caminando sola por la playa cuando de pronto comenzó a oscurecer, las nubes se veían cargadas como si se avecinara una gran tormenta, y yo corría hacia el bosque buscando el sendero de vuelta, sentía como si alguien estuviera detrás de los árboles que en la oscuridad me parecían aterradores, de pronto Bill salía detrás de un árbol y yo comenzaba a sentirme un poco tranquila de no estar sola en ese lugar aterrador, cuando de repente él me miraba de una forma horrible y mostraba sus dientes afilados de forma amenazadora, yo intentaba correr pero él era muy veloz, cuando creí que me alcanzaría vi que Georg corría hacia mí, iba a tomar su mano pero en ese momento él se lanzaba hacia adelante y entre gruñidos se convertía en un hombre lobo que se lanzaba sobre Bill, desperté bastante sobresaltada, creí que el corazón se me saldría y estaba cubierta de sudor a pesar de que estaba helada. Ridículamente no supe qué me había aterrado más, si ver a Bill como un vampiro dispuesto a atacarme o la idea de que Georg o lo que sea que fuera lo pudiera herir.










No pude seguir más en la cama, así que me levanté, me duché y baje a preparar el desayuno, casi me sentía en automático, como un zombie




-Beth tienes planes para hoy??- dijo papá mientras tomaba su taza de café






Miré hacia la ventana, estaba cayendo una fina lluvia y no se me ocurrió nada, sinceramente no tenía muchas ganas de quedarme aquí, donde me estaba volviendo tan loca al punto de creer en cuentos de vampiros, pero no había un lugar donde pudiera ir, no era momento para tirar todo a la basura y regresar con mi mamá




-No papá, creo que debería aprovechar para hacer los deberes de la casa, lavar la ropa... –dije sin mucho ánimo




-Segura?? es domingo podrías salir un rato con tus amigos y por la tarde hacer los deberes




-No, en serio, no quedamos en nada. Y tu??






-Pues quedé con Manfred, veremos el partido en su casa. No te importa quedarte sola?




-No, no hay problema, prefiero aprovechar el día.




-OK- dijo levantándose de la mesa






En cuanto papá salió comencé con los deberes, realmente tenía muchas cosas qué lavar, pero no era suficiente para distraerme, me sentía muy alterada por mi pesadilla.




Después de un rato la lluvia cesó y yo comencé a caminar en dirección al bosque, había un sendero que se encontraba cerca de mi casa, de otra forma no me hubiera atrevido ni siquiera a pensar en hacerlo, lentamente iba adentrándome, nunca había sido buena para las caminatas, solía caerme varias veces y tampoco tenía mucho sentido de la orientación, así que traté de ir con paso firme, poco a poco fue desapareciendo de mi vista la imagen de mi casa, el sendero estaba rodeado de grandes árboles cubiertos de musgo, solo podía escuchar mis pasos sobre la hierba mojada y de vez en cuando el sonido de algunas aves, encontré un árbol con las raíces bastante salidas y me senté, sentí que una gota caía sobre mi cabeza y me subí el gorro de mi chamarra, seguramente ya estaría lloviendo más fuerte fuera del bosque pero ahí dentro la capa de árboles era tan espesa que servia de protección, comenzaba a caer la tarde, de un momento a otro comenzaría a oscurecer y de pronto me di cuenta que este era el peor lugar al que podía haber ido, se parecía tanto al lugar de mi pesadilla.






Estando ahí todas esas leyendas parecían más reales, dejé de escuchar algún sonido, estaba rodeada de un silencio sepulcral y sentí que la sangre se me helaba, intenté mantener la calma. ¿Cómo podía creer en eso?




De pronto algo tocó mi hombro derecho, haciendo que diera un salto, mi corazón latía rápidamente, giré la cabeza y Bill estaba de pie junto a mí




-¿Qué haces aquí?- dije sobresaltada




-Solo pasaba por aquí y escuché tus pasos, mejor dime ¿Qué haces tu aquí? -preguntó con una voz aterciopelada, su expresión era inescrutable. –No creo que debas andar por el bosque tú sola-




-No tenía ganas de quedarme en casa... pero no te preocupes, sé cuidarme sola-




-Eso es lo que tú crees... pero el bosque es un lugar peligroso para alguien como tú...- me dijo seriamente




-¿Por qué? ¿Quién podría hacerme daño... tu?- dije cautelosamente




-Podría raptarte... y tal vez no quisiera liberarte- dijo con una mirada seductora. Tragué saliva. –Puedo hacerte compañía, pero si te molesto...




-¡No! quédate... la verdad es que este lugar me da un poco de miedo- dije contemplando sus hermosos ojos.




-Pensé que sabias cuidarte –dijo burlonamente mientras se sentaba junto a mí




No supe como pasó pero comenzamos a platicar, me sentía como en un sueño del que no quería despertar jamás, estando ahí con él parecía que todo lo demás no importara, solo él y yo. Era diferente a cuando estábamos en la escuela, los dos sonreíamos. Cuando me di cuenta ya estaba oscureciendo




-Hace frío- dije rodeándome con mis brazos, Bill se quitó la chamarra que traía y la colocó sobre mis hombros pero no me sentí caliente, al contrario, su chamarra estaba tan helada, que por un momento sentí pena por aceptarla, seguramente él también estaba muriéndose de frío.




-Es mejor que regreses a tu casa, puedo acompañarte ¿Quieres?




-Aquien quiero es a ti- dije sin siquiera pensarlo, Bill parecía sorprendido por lo que había dicho y creo que yo también, no se como lo había hecho.


Nos quedamos viendo fijamente a los ojos, en ese momento los de él se volvieron de un negro intenso, Bill me rodeó con sus brazos y acarició mi mejilla con sus dedos fríos, estábamos tan cerca que podía sentir su aliento dulce y fresco en mi boca.








-Beth... ya no puedo más, traté de alejarme de ti pero no puedo...




-No, no lo hagas, no tienes por que alejarte... yo... te quiero, te necesito- No podía creer lo que había escuchado, Bill también sentía algo por mí, me armé de valor para confesarle lo que sentía por él


-Yo también te necesito...- me dijo.




Nuestra respiración era entrecortada, cerré los ojos y sentí el roce de sus labios sobre los míos, fue un beso lento, profundo, delicado... perfecto. Pasé mis brazos alrededor del cuello de Bill, el contacto de su piel con la mía me hacía sentir una descarga de electricidad que recorría todo mi cuerpo, sus labios recorrieron mi mejilla, los sentía recorriendo mi cuello, su respiración se aceleraba cada vez más al igual que la mía, yo también le besé la frente, el cuello mientras acariciaba su cabello, me sentía flotando, volvimos a besarnos en los labios, esta vez fue más apasionado, como si fuera lo último que haría en la vida... de pronto sentí un dolor punzante en mi cuello, algo que me quemaba y todo se iba oscureciendo...








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CAPITULO 6:

--------Narra Beth--------










Por fin llegó el “tan” esperado día de mi cumpleaños, el sábado por la mañana me asomé por la ventana y vi que llovía a cántaros, me apresuré lo más que pude a ducharme, ya que papá tocó la puerta del baño diciendo que había llegado algo para mí




-Buenos días papá!!-dije mientras bajaba las escaleras, él llevaba un paquete en las manos y entraba a la cocina


-Buenos días Beth! y feliz cumpleaños!!- dijo abrazándome




-Toma, este es mi regalo de cumpleaños y este lo manda tu mamá y Henry- dijo entregándome 2 paquetes







-Gracias papá!!- le dije abrazándolo nuevamente, nos sentamos a la mesa y tomé el paquete más grande que era una caja casi rectangular y no muy ancha, la abrí, dentro había una nota que decía:






¡¡¡Feliz cumpleaños Beth!!!


Esperamos que el regalo te guste y sobre todo que te sea útil,


a Henry le ha ido bastante bien en el trabajo y por eso hemos


tenido oportunidad de darte este obsequio.


Saludos a Arthur.


Besos. Tu mamá.










Dejé la nota a un lado y saqué con cuidado el contenido, ¡¡Era una Laptop!! No pude ocultar mi sonrisa, el regalo era increíble, realmente debía agradecérselo a Henry, con el sueldo de mi mamá no hubiera sido posible. La puse en la mesa y tomé la otra caja, la de papá, era más pequeña, la abrí, era una cámara fotográfica de color rosa metálico.




-Gracias papá!!- dije sonriendo, realmente no me esperaba recibir ese tipo de regalos, en ese momento sonó el teléfono, era Kelly, después de felicitarme acordamos que era mejor cancelar el día de campo, lo pospondríamos para cuando mejorara el clima ¿Acaso eso era posible en Greilswald? Ella le avisaría a Gus. Justo después de colgar llamó Georg, me felicitó y también estuvo de acuerdo en posponer la salida. Por la noche papá me llevó a cenar al restaurante más “elegante” de la ciudad para celebrar mi cumpleaños, en todo el día no dejó de llover.








El martes había una densa capa de niebla, llegué un poco retrasada a la clase de química, el profesor Delbrück ya estaba ahí. Al entrar me di cuenta que Bill no estaba, suspiré, era extraño lo que me hacía sentir, por un lado me sentía aliviada y por otro lado conseguía ponerme triste, me senté y el profesor le pidió a Kelly que se sentaba al frente, que repartiera unas cajitas que tenía en el escritorio y comenzó explicar el ejercicio




-Bien, chicos, aquí hay una tarjeta de identificación del grupo sanguíneo- dijo tomando una tarjeta de dentro de la caja –También hay unos guantes y una aguja esterilizada. Voy a pasar a cada mesa para explicarles exactamente qué deben hacer, no empiecen antes- Empezó por la mesa de Kelly, tomó su mano y clavó la aguja en la yema de su dedo








-Depositen una gotita de sangre en la tarjeta- dijo mientras tomaba el dedo de Kelly y vi que comenzaba a salir la sangre, comencé a sentir el estómago revuelto y mi respiración entrecortada, mientras él sostenía la tarjeta en alto para mostrárnosla, tuve que recostarme sobre la mesa para evitar que todo siguiera dándome vueltas, pero no sirvió de mucho, podía escuchar los chillidos cada vez que alguien se pinchaba el dedo y creo que eso empeoraba las cosas




-Te sientes mal Beth?? –preguntó el profesor, su voz sonaba un poco preocupada




-Sí- susurré sin levantar la cabeza




-¿Kelly puedes llevarla a la enfermería?




Intenté levantar la cabeza y vi que a mi lado estaba mi amiga, me levanté y ella me sostuvo mientras nos dirigíamos a la puerta




-Solo déjala ahí y regresas a la clase- dijo el profesor con voz firme




Cruzamos el patio muy despacio y cuando pasamos por la cafetería le dije –Déjame aquí, mejor regresa antes de que el profesor se moleste-




-¿Ya te sientes mejor?




-Un poco, creo que el aire frío me ayudó... aunque no tan bien como para regresar a la clase- dije antes de que a ella se le ocurriera decir algo




-OK, pero segura que te quieres quedar aquí, no quieres ir a la enfermería?? aún te vez verde




-No, en serio




-Bueno- dijo encogiéndose de hombros y dando la vuelta para regresar al salón.




Pensé que ha esa hora yo sería la única en la cafetería pero me equivoqué, sentí que alguien me observaba y busqué con la mirada, ahí estaba, en la mesa de siempre, estaba a punto de desviar la mirada cuando vi que me hacía una seña con la mano para que me acercara, ¿¿Qué?? ¿¿En serio estaba llamándome a mí?? Me levanté lentamente, aún me sentía débil, me temblaron las piernas y no estuve muy segura si seguía siendo por la sangre que acababa de ver...




-Siéntate!- dijo muy sonriente. Lo miré extrañada y me senté. Su sonrisa era de una belleza sobrenatural y no podía dejar de mirarlo fijamente




-¿Qué tienes? Pareces enferma... ¿Te salaste o algo parecido?




-No soy la única... –no era buen momento para ser sarcástica- umm no, es solo qué están tomando muestras del grupo sanguíneo y... yo... no me gusta ver sangre -dije casi en un susurro y algo apenada




-¿A sí que te da miedo la sangre?- preguntó sin ocultar una sonrisa burlona




-Un poco, en realidad es el olor, me da asco- mi respuesta parecía causarle gracia. Nos quedamos en silencio un minuto... creía estar soñando




-¿Que tal pasaste tu cumpleaños en la playa?- dijo rompiendo el silencio




-¿Qué? awm... ¿Cómo sabes eso?- pregunté extrañada




-Lo escuché de casualidad cuando lo planeaban a la hora del almuerzo


-Claro que no, te sientas demasiado lejos para poder escucharnos


-Bueno... tal vez leí la mente de tus amigos- dijo alzando la ceja, yo lo miré con el ceño fruncido- ¿No lo crees? suelo ser bueno leyendo mentes- Tenía su mirada clavada en mí y nuevamente sentí el estomago revuelto, así que baje la vista hacia la mesa y preferí no comentar nada sobre lo de la fallida salida del sábado




-¿Quieres algo de tomar? Tal vez algo frío te haga sentir mejor




-mmm sí una botella de agua por favor- aún no terminaba de hablar y me pareció ver que ya estaba en la barra, con la misma rapidez regresó a la mesa, estiró su mano para darme la botella y su mano me rozó, casi instintivamente quité mi mano bruscamente, sus dedos estaban helados como si los acabara de meter en una cubeta con hielos




-Disculpa- dijo retirando su mano


-¿Tu no quieres nada?- le pregunté




-No, aún no tengo sed- dijo con una pícara mirada, parecía reírse de algún chiste privado.


-No entiendo... esto significa que ¿somos amigos?- pregunté confundida




-Amigos... –dijo mirándome con ojos penetrantes




-¿O no? A veces creo que no te agrado- dije tímidamente



-hugm no es verdad, de hecho ese es el problema, créeme me agradas demasiado- dijo con una gran sonrisa, pero algo en la expresión de sus ojos me causó escalofríos –Podría intentar ser tu amigo, aunque... tal vez debería prevenirte... no creo ser un buen amigo para ti. Si eres inteligente te alejarás de mí...




Suspiré –Bueno... entonces hasta que sea inteligente podemos intentar ser amigos? Es que, en serio, no logro entender tus cambios de humor –dije mientras retorcía mis manos



- Se que no he sido muy amable contigo, pero créeme es mejor así... por tu seguridad- lo miré todavía más confundida.




-¿Qué piensas? –preguntó con una expresión realmente intrigada, no sabía que responderle,




-Tú debes saber, dices que eres bueno leyendo mentes, ¿no?


Se me quedó mirando fijamente con una expresión de frustración, cuando de pronto sonó el timbre para la siguiente clase, me levanté de un salto, sentí un gran alivio




-¿Tampoco vas a entrar a esta clase?- le pregunté –Por que yo sí.




-Entonces te veo luego- dijo con una sonrisa seductora.




Me dirigí a mi salón lo más rápido que pude. Repetía todo el tiempo sus palabras en mi mente tratando de darles algún sentido lógico, su advertencia parecía ser real, pero ¿A qué debía tenerle miedo, qué podría hacerme?





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CAPITULO 5:



--------Narra Bill-------








A la hora del receso me uní a mis hermanos en la cafetería, por desgracia seguramente ella estaría ahí, de nuevo dejaría de respirar si fuera necesario, además sería más fácil controlarme con mis hermanos cerca, ellos me ayudarían.




No fue necesario, su mesa estaba lo suficientemente lejos de mi como para que su olor no significara ningún problema, a esa distancia incluso podía casi ignorarla, solo hubo un problema, Kelly le preguntó “¿Qué miras Beth?” y luego pensó “No puede ser! Beth también ha sido flechada por Bill Kaulitz, bueno no se puede negar que es guapo, lógico que no pueda apartar sus ojos de él” de nuevo no pude evitar voltear hacía su mesa y me topé con la mirada de Beth, intenté en vano leer sus pensamientos, solo hubo silencio de su parte, yo prácticamente la fulminé con mi mirada, ese odio irracional que sentía hacia ella volvió a surgir, me irritaba tanto esa humana, ella lo notó y bajó su mirada con una expresión apenada.




-¿Qué te pasa Bill?- preguntó Tom algo desconcertado al ver mi actitud -¿Hay algún problema con la chica nueva?




-No, es solo que no puedo leer sus pensamientos- dije tratando de quitarle importancia


-Eso es raro, nunca antes te había pasado ¿cierto?- dijo Andreas




-No es importante- respondí de manera que se cerrara el tema, lo último que quería era ocupar mi tiempo hablando de Beth. El resto del receso ella se mantuvo conversando un poco con sus amigos.


Los siguientes días de la semana en clase de química fueron casi igual de difíciles, la única solución que tenía era la de no respirar, aún así permanecí sentado lo más lejos posible de Beth, realmente fue un alivio cuando llegó el viernes tendría por lo menos un 4 ó 5 días para tomar una decisión, Mila había “visto” que lo próximos días estarían algo soleados, en vista de que era imposible cambiar de clase, tendría que tomar otras medidas, no podía pasarme todo el año escolar sin respirar en esa hora, hasta el momento no había tenido que responder ninguna pregunta al profesor, ni habíamos formado equipos ni nada, pero era lógico que en algún momento el señor Delbrück nos pediría realizar alguna actividad en parejas y yo tendía que hablar, para lo cual necesitaba tomar aire, además de que no respirar seguía siendo muy incomodo.




A la hora de la salida esperé a mis hermanos dentro del auto y durante todo el camino permanecí en silencio hasta que noté que Mila me observaba fijamente desde el asiento del copiloto.



-¿Vas a irte?- preguntó, en cuanto formuló la pregunta vi por el retrovisor que Tom y Andreas volteaban a verla sorprendidos




-¿Debería hacerlo?- susurré.


Noté que clavaba la vista en la nada y supe que estaba teniendo una visión, los 2 nos concentramos en lo que veía, era el interior de lo que parecía ser la casa del jefe de policía Wilhem, en medio de una pequeña cocina estaba el pálido cuerpo de Beth y yo al lado de su cadáver, podía ver en mis ojos un color rojo brillante que me hizo estremecer




-Detente... – no podía soportar seguir viendo más




-¡Oh! Lo siento- me dijo apenada




-¡Qué demonios pasa!- exigió Tom




-Voy a irme- respondí –Solo dile a mamá que no se preocupe... estaré bien



-¿Por cuánto tiempo?




-No lo sé... solo necesito poner en orden mis pensamientos...


-Te extrañaremos –dijo Mila –Bajémonos aquí, debes darte prisa.




Los 3 salieron llenos de ansiedad y en silencio. Tom y Andreas pensaban exigirle a Mila que les explicara todo una vez que yo me hubiera ido, desaparecieron entre los árboles antes de que yo hubiera arrancado el auto.



Conduje a más de 160, la carretera desaparecía bajo las ruedas y no me detuve hasta que encontré un lugar bastante boscoso y nevado, todo lo que podía verse estaba cubierto de nieve, me era familiar ya había estado en este lugar en varias ocasiones, cerca de aquí vivía otro clan de vampiros los de Stralsund, los considerábamos casi “familia”, eran muy amigos de mis padres.




Permanecí 5 días recostado sobre la nieve, la ventisca había hecho que quedara casi enterrado, mi piel se enfrió al punto de no poder sentir el viento a mi alrededor. Miraba al cielo, o al menos eso intentaba, las estrellas brillaban intensamente y hubiera sido una vista maravillosa de no ser por una obstrucción entre mis ojos y el cielo, la obstrucción era un rostro humano que lamentablemente no podía borrar por completo. Escuché unos pensamientos, no me sorprendía que Inna me hubiera seguido, aún estaba a unos 30 metros de aquí, casi podía verla, su piel parecía plateada bajo la luz de la luna y su rubio cabello serpenteaba con el viento, clavó sus ojos dorados en mí y sonrió al verme medio enterrado






-¿Bill? –Dijo mientras se inclinaba a mi lado y me rodeaba con un brazo, estuve a punto de moverme pero no quise ser descortés –Sonja y Julya no querían que viniera, dicen que solo te molestaría




-No, para nada, es más soy yo el que solo está causando molestias y lo peor es que no está sirviendo de nada...



-¿Es por mi culpa? –Pensó –Te incomodo con mis tonterías...


-Claro que no –mentí. Ella me miró sorprendida.




-Bueno... un poco –dije mientras le sonreía. Suspiró decepcionada.




-Eres hermosa y adorable, lo sabes, es solo que...




-No digas nada, ya sé lo que piensas, para ti solo soy como una hermana más. Solo que no estoy acostumbrada al rechazo.




-Cierto –dije mientras veía en sus pensamientos sus muchas conquistas


-Cuando llegaste pensé que tal vez... que tu y yo...


-Pensaste que tal vez había reconsiderado lo de la vez pasada, lamento decepcionarte... creí que ya habíamos aclarado todo- dije




-No puedo evitar tener esperanzas, Bill tenemos toda la eternidad por delante, tal vez algún día te des cuenta de tus verdaderos sentimientos y cambies de opinión... sabes que no tengo prisa- dijo sonriendo.




Fruncí el ceño sin saber que decir, por un lado deseaba dejarle claro que no era buena idea que siguiera guardando esperanzas, nos conocíamos desde hace muchísimos años y estaba completamente seguro que nunca podría corresponderle de la manera que ella deseaba y por otro lado lamentaba realmente lastimarla con mi actitud, la apreciaba.




-Bueno, mejor cuéntame porqué estás aquí, desde que llegaste no has dicho ni una sola palabra.




Suspiré. –Inna no quiero hablar de eso.


-¿Por qué? ¿Es una chica, cierto? no te preocupes... no soy celosa- me sonrió tristemente.




-No es como te lo imaginas... –dije mientras escuchaba en sus pensamientos- no, para nada.




Ella esperó que yo dijera algo pero no lo hice, hasta que se olvidó del asunto y me preguntó:



-¿Vas a irte, de nuevo a Greilswald?



-Supongo que sí- respondí



-Lo harás, sea lo que sea que te atormenta lo afrontarás, tu eres así, nunca has sido cobarde- me dijo



Era cierto no tenía sentido huir. Nunca había sido un cobarde, en ese momento me di cuenta que era momento de volver. Nos pusimos de pie al mismo tiempo. La besé en la mejilla como despedida pero me alejé rápidamente en cuanto ella giró su rostro hacia mí, pude ver en sus pensamientos lo que se proponía.



Ella corría tan de prisa que no dejaba huellas en la nieve y yo hice lo mismo en dirección a mi auto. Seguramente a estas alturas Mila ya les estaría contando a los demás de mi regreso y esto los alegraría, especialmente a mis papás. Sentado en el auto miré por última vez al cielo, entre las estrellas y yo seguía estando ese rostro cuyos ojos color chocolate me observaban y parecían preguntarme lo que significaría para ella esta decisión.








-Todo va a estar bien- dijo Mila aliviada con los ojos clavados en la nada, Tom la sostenía de la cintura guiándola.



-Claro que lo estará- me quejé mientras caminábamos juntos hacia la cafetería, los 3 iban rodeándome, se veían ridículos haciendo de mis guardaespaldas, casi me hubiera reído de no ser porque la situación comenzaba a ser bastante irritante. Había tomado mis precauciones, los 4 habíamos salido a cazar el día anterior y yo me aseguré de estar totalmente satisfecho por si acaso.




-Beth aun no llega, me pregunto por donde lo hará... no estará a favor del viento si nos sentamos en nuestra mesa de siempre...




-Ya basta Mila, claro que nos sentaremos en la mesa de siempre... estás sacándome de quicio.




-Ok, creo que tienes razón.




-Es molesto ¿verdad?- me dijo andreas




-Humm- murmuré. Ahora comprendía mejor a Andreas, debió haberlo pasado fatal cada que nosotros lo sobreprotegíamos. Me parecía extraño aquel lugar que antes me parecía aburrido, ahora me encontraba en la cafetería con todo mi cuerpo rígido y tenso, mis sentidos estaban alertas, escuchando cada sonido por mínimo que fuera, cada pensamiento, solo mantenía bloqueada mi respiración. Esperaba escuchar que había dicho Beth de mí, pero nada, todo el mundo ignoró a los 4 vampiros en la cafetería ¿Cómo era posible que ella no hubiera comentado nada? ¿Acaso no había notado mi mirada asesina? Era extraño, una chica normal lo hubiera comentado con alguien, tal vez Beth era extremadamente tímida, tal vez solo se lo había comentado a su padre... por si acaso sería bueno darme una vuelta uno de estos días por su casa para averiguar que está pensando.




-¿Algo nuevo?- me preguntó Tom




-No, creo que ella no dijo nada- todos me miraron sorprendidos.




-Tal vez no asustas tanto como crees- dijo Tom riéndose –te apuesto que yo pude haberla aterrorizado mejor.-




-Eres imposible- dije poniendo los ojos en blanco




-Ahí viene- murmuró Mila- Intenten parecer normales.




-¿Normales?- dijo Tom mientras abría la mano derecha y mostraba una bola de nieve que había recogido y que por supuesto no se había derretido. La lanzó contra una ventana tan rápido que ningún ojo humano la hubiera podido ver y tan fuerte que el cristal se rompió, varios alumnos se giraron a ver el montón de cristales rotos, pero ninguno volteó hacia nuestra mesa.

(ok, hagan de cuenta ke solo estan los twins, plis!!... jiji!!!)




-Muy bien mi amor ¿Por qué mejor no atraviesas el muro?- dijo Mila con un tono sarcástico








-Sería más impresionante si tú lo hicieras cariño.








Intenté ponerles atención para evitar voltear hacia el lugar de Beth.








-En un momento ella va a voltear hacia acá- avisó Mila.








-Te ves enfermo Bill- dijo Tom riéndose de mi expresión de dolor- que mates a un humano no significa el fin del mundo.- le hice una mueca. –Tranquilo hermano, debes aprender a superarlo, no es bueno desperdiciar la eternidad sintiendo culpa. Justo en ese momento Mila lanzó una bola de nieve que había estado escondiendo hacia la cara de Tom que solo parpadeó confundido y luego comenzó a reírse mientras se sacudía las gotas de nieve derretida por el calor del lugar sobre Mila.








-¡Aw!- dijo ella mientras se alejaba de Tom y se reía a carcajadas, los 3 también comenzamos a reír. Pude ver en los pensamientos de Mila que ella había preparado toda esta “escena” para que Beth nos viera jugar y reír como cualquier humano.








Esperé que la mayoría de los alumnos estuviera en el salón, la verdad era que me estaba acobardando, no me sentía muy seguro de entrar al salón de química, era la peor hora y estaría solo, sin mis hermanos, pero Mila me aseguró que todo en mi futuro estaba bien y me sentía intrigado y un poco fascinado por la actitud de Beth, quería saber porqué no había comentado con nadie acerca de mí. Me dirigí a mi lugar, tomé la silla y la arrastré un poco para que ella escuchara y no se asustara al verme junto a ella, hugm, no debería de preocuparme por ella, pero parecía tan vulnerable que me resultaba imposible. Noté que estaba distraída dibujando en su libreta.








-Hola Beth!!- le dije tratando de sonar lo más amable que podía.








-Hola- me respondió, parecía estar sorprendida. Me presenté tratando de sonar casual, no sabía como reaccionaría, pero entonces ella me preguntó que cómo sabía su nombre, prácticamente toda la escuela la conocía, no sería difícil que yo supiera su nombre, no entendía su pregunta.


-Todo mundo sabe tu nombre, casi todo el pueblo te esperaba desde hace semanas- le dije




-Ya lo sé... solo que todos me conocen por Bethzaira Wilhem... como es que sabes que prefiero “Beth”- me susurró. Claro, como podía haberlo olvidado, se suponía que yo no debía saber eso, me tensé, no debía cometer ese tipo de errores, fijé mi vista al frente. Ella seguramente lo notó, bajó su mirada y anotó todo lo que el profesor Delbrück decía pero parecía nerviosa. De pronto algo en una esquina de su libreta llamó mi atención, ¿Beth había dibujado mis ojos? o al menos eran idénticos incluido el piercing de mi ceja izquierda, ¿Cómo podía hacer eso? Se suponía que debía estar asustada, no fascinada conmigo, solté una risita, realmente era una chica extraña, me intrigaba mucho conocer sus pensamientos, decidí hacerle unas cuantas preguntas de porqué se había mudado a Greilswald y ella las respondió, en sus ojos podía ver que seguía muy sorprendida seguramente por mi cambio de actitud, para hablar con ella tenía que respirar y su olor aún me quemaba pero al menos no me sentía tan sediento como la semana anterior, comenzaba a relajarme un poco cuando ella me hizo una pregunta que me tomó desprevenido: -¿Te pusiste pupilentes?- no supe que responder, por lo general los humanos se mantienen lo suficientemente alejados y desinteresados de nosotros que no se dan cuenta del cambio de color en nuestros ojos, por suerte en ese instante el profesor nos llamó la atención por hablar en clase y los 2 nos giramos en dirección al pizarrón.



Después de ese momento traté de evitar a toda costa a Beth, en el salón y si llegábamos a cruzarnos en algún pasillo únicamente le dirigía un simple “Hola”, ya había cometido muchos errores con ella, por lo visto era bastante observadora y no quería poner en riesgo a mi familia. Una noche estuvimos discutiendo la posibilidad de irnos, mis papás estaban de acuerdo, no querían presionarme demasiado, pero mis hermanos se negaron rotundamente, Mila confiaba demasiado en sus visiones y como hasta el momento no veía ningún riesgo me aseguró que podíamos permanecer aquí y Tom y Andreas ya estaban acostumbrándose al pequeño pueblo y les agradaba, además para ellos no era un asunto de vida o muerte que terminara rindiéndome a mis instintos matando a una humana, no sería la primera vez. En el fondo Andreas se sentía bastante satisfecho por haber dejado de ser el centro de atención.



Cada fin de semana salía de caza y también en los días soleados que siguieron, no podía permitirme tener un descuido con ella cerca, aún cuando ya había pasado varias semanas cerca de Beth resistir su exquisito aroma seguía siendo un gran sacrificio para mí, me sentía como un adicto sin poder consumir droga... y tenía que reconocerlo, últimamente me resultaba más difícil, no solo resistir su olor sino también las ganas que tenía de poder hablar con ella, deseaba sus compañía, resultaba una sensación extraña, a veces sentía envidia de Georg Listing, él pasaba la mayor parte del día con Beth. Algunas veces en clase imaginaba que tomaba su delicada mano, casi podía sentir su suave piel... ¿Cómo reaccionaría ella al contacto con mis dedos helados? seguramente se sorprendería y me rechazaría... odiaba sentirme de esa forma y terminaba fulminándola con la mirada.




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